PERIODO  VII.  NAVEGACIÓN Y SUCESOS POR EL CANAL. 

 

7.1       La Armada sobre Plymouth. Salida de la flota inglesa y primeras acciones.

Del 30 de julio al 1 de agosto 1588.

 

La idea de Martínez de Recalde y Leyva era no parar y dirigirse directamente a la bahía de Plymouth con la intención de atacar en puerto origen a la flota inglesa. Pero tras el consejo de guerra de  la noche del 30 al 31 de julio, Medina Sidonia optó por esperar. En esa reunión se trató sobre el lugar de batalla de cada buque y el orden de esta . En opinión de Recalde, tras el conejo se decidió el ataque directo, en cambio el parecer de Sidonia es diferente alegando que no se decidió nada.

 

La espera fue aprovechado por la flota inglesa para salir del puerto siendo remolcados los buques por barcas. A la mañana siguiente la flota española pudo divisar a la inglesa y como esta tenía ganado el barlovento.

 

30/7 Francisco Moresín sale del puerto de Le Conquet, llevándole pliegos de Parma firmados el día 14 anterior.(12 nota 4).

 

M. Sidonia ordena al alférez Juan Gil que fuese con una zabra de remos hacia tierra.

 

Thomas Fleming de la pinaza Golden Hind divisa el día 29 a los 40 buques recogidos por Pedro de Valdés que habían llegado a las proximidades de la costa inglesa y estaban esperando al resto de la Armada después de la dispersión del día 27.

 

31/7. Por la mañana Howard con 54 navíos ganando el barlovento. El escuadrón de Drake de once unidades haciendo bordadas sobre la costa de Cornualles, por el norte de la armada española. (12 nota 12).

 

En la lucha por obtener el barlovento la escuadra de Drake. Hubo un escarceo con intercambio de cañonazo. 1

 

El cañoneo duró hasta las 13:00 horas a más de 500 metros con poco repercusión en ambas flotas.  2

 

Entre las 16:00 – 17:00, la nao de Pedro de Valdés se dirige a auxiliar al buque de Recalde que había sido castigado tras el intercambio de cañonazos con la flota inglesa, aborda con la proa la popa de la nao Santa Catalina, también de su propia escuadra, quedando seriamente averiado.  Sin disponer mucho tiempo y estando el buque sin gobierno, Valdés dispara tres o cuatro piezas de artillería pidiendo auxilio al resto de la flota.

Medina Sidonia tras pedir consejo a sus asesores, finalmente decide a propuesta de Diego Flores de Valdés proseguir la marcha, ante el peligro que supondría deterner la Armada por la noche seguida muy de cerca por la flota inglesa. Sidonia despachó la galeaza Zúñiga y varias naos y pataches para recoger a la tripulación y echar a pique el buque, objetivos que no se pudieron realizar debido al mal estado de la mar que hacía imposible la tarea de trasvase. Desde el San Martín, Sidonia pudo contemplar como uno de los buques mejor dotado de la Armada, capitaneado por uno de los generales principales de la misma quedaba abandonado a su suerte sin el amparo de la Armada y a pocas horas que toda la flota inglesa se echara sobre el.

No todos los consejeros eran de esa opinión, Guillermo de Eraso opinaba que había que socorrerlo, atravesar la Armada, proteger y reparar al galeón de Pedro de Valdés. Cree que la flota inglesa no se atreverá a hostigar pues tan solo tienen 60 velas y guardará la distancia. Jorge Manrique es de la opinión de socorrerlo “pues de no hacerlo era perder la honra y la Armada” El duque ordena callar y seguir el consejo de Diego Flores, que era quien su majestad le había enviado como consejero”. Utilizando este  argumento falaz, pues a Diego Flores lo nombra consejero Medina Sidonia, el Rey lo que hace es respetar la elección y exigir el embarque de Francisco Bobadilla al lado del duque como consejero experto para los temas de tierra.

 

Con este formulismo que va estar presente en toda la jornada, Sidonia intentará eliminar cualquier responsabilidad en todas las decisiones que se tomen alegando que al no conocer los temas de mar, sigue el consejo de Diego Flores que para ello lo ha nombrado el Rey. Con este argumento acalla todas las críticas que puede suscitar de los otros generales y mandos de la Armada. En realidad no se trata mas del comienzo de una carrera por diluir cualquier tipo de responsabilidad que se pudiera tener, primero en orden cronológico sobre sus compañeros de armas y segundo ante el Rey una vez haya finalizado la jornada.

 

Pedro Valdés, hombre incómodo para el duque y enemigo de su primo Diego Flores de Valdés rechaza el ofrecimiento de embarcarse en un patache y decide correr la misma suerte junto a sus hombres. El piloto inglés Juan Bonar  3 pudo salir del barco y embarcar en el San Francisco de Florencia.

 

 

Según Martin Frobisher, capitán del Triumph, Drake actuó como un cobarde,  con la sola intención de obtener el botín y ser el único beneficiario del mismo. 4

 

 

7.2       DÍA 1/8.

 

10:00 h . Tras negociar Drake con Valdés y ante la imposibilidad de este de defenderse junto con el dolor de sentirse abandonado decide aceptar los términos de rendición ofrecidos por Drake asegurándose la vida a todos sus hombres. 5 Pedro de Valdés junto con sus capitanes son trasladados al Revenge, buque de Drake, la nao Nuestra Señora del Rosario con el resto de la dotación es trasladada a Torbay (Devon), escoltada por el buque Roebuck.

La moral inglesa crece, mientras que el mensaje que deja el abandono de la nao de Pedro de Valdés a la flota española es desmoralizante al comprobar que ha empezado una carrera de supervivencia donde cada uno depende de sí mismo sin esperar mucha ayuda de los demás.

 

Esa misma tarde, sobre la misma hora la santabárbara de la nao San Salvador, almiranta de la escuadra de Oquendo estalla al explotar tres barriles de pólvora, provocando una explosión y su consiguiente incendio, muriendo con ello unas 150 personas. Las causas no están claras, unos creen que ha sido fortuito y otros que provocado por un artillero alemán 6 como respuesta al mal trato dado por el capitán Pedro de Pliego. En el buque iba también la mujer del artillero. Los heridos son trasladados a la urca hospital San Pedro el mayor.

Los ilesos son transbordados a varios buques de la Armada 7. No obstante las tareas fueron muy lentas por el mal tiempo. Ya por la mañana, sobre las 11:00 ante la imposibilidad de navegar de la nao, el duque 8 despacha  a varios hombres con el fin de recuperar el dinero, terminar de sacar a los enfermos y a la tripulación, recuperar alguna pieza de artillería y una vez realizado echarlo a pique para que no cayera en manos inglesas, pero tampoco esta vez nada resultaría, no todos los heridos fueron evacuados, dejando a los más graves en el buque, no se recuperó el dinero al estar en el lastre que había quedado debajo de las cubiertas al desplomarse estas.  Ni tampoco se consiguió hundirlo para que no cayera en manos inglesas.

Gonzalo de Eraso sugiere al duque que se vuelva atravesar con el fin de proteger al barco y ganar tiempo para terminar el cometido, pero este siguiendo de nuevo el consejo de Diego Flores, ordena proseguir la marcha abandonando al buque. Poco después llegan las primeras lanchas inglesas, suben al San Salvador Thomas Howard y John Hawkins y la visión que tienen es dantesca, contemplan alrededor de 50 hombres abrasados totalmente y un olor insoportable. Rapidamente salen del barco e informan al almirante inglés que ordena que el Golden Hind de Fleming, lo traslade a la ensenada de Portland cerca de Weymouth, donde llegará el 3 de agosto.

 

Curiosamente Medina Sidonia en carta del 30/7/1589 dirigida al Rey tras la demanda de que realiza Juanes de Aguirre propietario de la nave por la pérdida de esta. Escribe que “ Y se tiene por cierto el haberse ido a fondo porque con la fuerza de la pólvora se abrió por diferentes partes.” Efectivamente se fue a fondo pero no sería hasta finales de noviembre de 1588, cuando en Studland (condado de Dorset) en navegación de Weymouth a Portsmouth. 9

 

Finalmente como consecuencia del primer día M. Sidonia no se siente contento con la actitud de sus hombres, al ver como el galeón San Juan del almirante Recalde no fue asistido en el envite con la flota inglesa, por lo que ordenará para los siguientes días que 6 sargentos mayores junto con sus furrieles se embarcasen en pataches y fueran por toda la Armada colocando a cada buque en su puesto  y lugar acordado obedeciendo en todo momento el dispositivo adoptado por el duque. So pena de muerte al capitán o maestre que huyese.

 

Por la tarde del día 1/8 despacha al alférez Juan Gil en una zabra con correspondencia para Parma.

 

 

7.3       DÍA 2/8.

 

La flota inglesa está desperdigada después del incidente de Drake al apagar el farol de popa y acercarse al barco de Pedro de Valdés. Los demás barcos quedan desasistidos y desorientados.

A la 01:00 llegan al galeón San Martín el almirante Recalde, Alonso de Leyva y Miguel de Oquendo. En la reunión acuerdan debido al tiempo reinante y la dispersión inglesa de enviar a las galeazas a cañonear y atacar a la flota inglesa buscando el acercamiento de esta y el tan ansiado combate general que es el objetivo táctico de las armas españolas para poder triunfar en la batalla. Miguel de Oquendo es el encomendado de comunicarle la orden al general de las galeazas Hugo de Moncada. La tardanza de este en el acercamiento provoca que a las 05:00 horas es divisado con las primeras luces a media legua de los buques más avanzados ingleses, cuando estos divisan a las galeazas se retiran impidiendo que el factor sorpresa se haga efectiva.

 

No obstante en la mañana del día 2, la Armada española obtiene el tan preciado barlovento. Los ingleses efectúan una serie de movimientos con la intención de recuperar el barlovento, acercándose ambas armadas y realizando un intercambio de cañonazos. La retaguardia española comandada ese día por Leyva formadas por las naves levantiscas y los galeones de Portugal se acercan intentando como siempre el abordaje, pero los barcos ingleses lo eluden demostrando una mayor facilidad marinera.

Un grupo de 11 barcos capitaneados por el Triumph de Frobisher se encuentran al sur de Portland Bill, próximos a la costa y aislados del resto de la flota inglesa. Cerca de este grupo se encuentran las galeazas de Moncada. Sidonia ordena a las galeazas atacar, se realiza un intercambio de artillería, pero debido a la fuerte corriente y al auxilio de otros buques, el ataque no es fructífero. Sidonia enojado, pensando que Moncada no ha terminado de obedecer sus órdenes envía al capitán Gómez Pérez de las Mariñas al San Lorenzo de Moncada con la orden de que le diga al oído ciertas palabras en nada favorable al honor del general Hugo de Moncada.

 

Las galeazas junto con alguno de los principales buques españoles como San Francisco de Florencia, la Trinidad Valencera de Luzón, Ntra Sra del Pilar, Ntr Sra de Begoña, San Juan Bautista de Maldonado y algunos buques más intentan de nuevo la aproximación para el abordaje, que es de nuevo esquivado por los buques ingleses, dejándose caer a sotavento.

 

En estos momentos donde la armada inglesa está seriamente atacada y con el viento a favor de la flota española, va a tener un golpe de suerte al cambiar el viento y pasar  del noreste al sureste en un primer momento para terminar rolando al suroeste, dándole con ello el barlovento a los ingleses. Aprovechándolo para acometer el ala derecha español, donde se encuentra Recalde que intercepta la progresión de los ingleses prácticamente en solitario. Viendo lo aislado que se encuentra Recalde, acuden a su ayuda La Rata Encoronada de Leyva  y La Ragazona de de Martín de Bertendona. Esta acción dura hasta las 17:00 horas en que se retiran los ingleses.

 

Howard aprovecha el viento a favor y se dirige acompañado de 15 grandes navíos hacia el norte para apoyar al Triumph de Frobisher. La capitana española se ha quedado aislada al acudir los demás buques en apoyo de Recalde. El San Martín se prepara para defenderse del ataque de la escuadra de Howard que al parecer en formación de línea en fila, por primera vez en la historia naval descarga cada buque una andanada cuando pasa a la altura del buque de Median Sidonia, que responde con rapidez y firmeza provocando que los últimos barcos ingleses de esa línea se alejen cada vez más de la capitana española dibujando una línea curva cada vez más excéntrica del barco español. 

 

A continuación aparece en ayuda del San Martín, la nao Santa Ana de Oquendo seguido por galeón San Luis de Agustín de Mexía, San Marcos del marqués de Peñafiel.

 

Finalmente en toda la Armada española el número de baja es de 50 muertos y 70 heridos, se desconocen como siempre las pérdidas inglesas.

El número de barcos que han intervenido en la batalla son de alrededor de 20 barcos en cada flota, los demás han sido meros espectadores.

 

7.4       El hostigamiento inglés a la altura de la isla Wight (3 y 4 de agosto).

 

El día 3 de agosto, Recalde regresa al ala izquierda de la retaguardia, mientras la derecha queda a cargo de Alonso de Leyva.

Howard realiza un consejo de guerra en su buque Ark Royal, la decisión que adopta, es dividir la flota inglesa en cuatro escuadras bajo el mundo del propio almirante, Francis Drake, John Hawkins y Matin Frobisher.

 

Los ingleses atacan la retaguardia española, los barcos más retrasados, San Juan de Recalde y El Gran Grifón de Juan Gómez de Medina.

Aparecen las galeazas San Lorenzo de Hugo de Moncada y la Zúñiga. También aparecen el barco de Oquendo, de Bertendona, el galeón San Francisco del duque de Florencia y dos galeones de la escuadra de Diego Flóres de Valdés. Una de las galeazas derribaron de un proyectil la verga de la gavia mayor posiblemente del Triumph. Tras hora y media de combate, a las 9:00, los ingleses rompen el contacto y se reincorporan al grueso de su flota.

Poco después cae el viento y ambas fuerzas quedan a más de dos leguas de distancia. Según el capitán Alonso Vanegas, el recalmón dura cuatro horas. Se realiza un consejo de guerra en el San Martín donde se señalaron los 40 navíos que tendrían que ir siempre a retaguardia.

 

Cae la noche el viento recae y la navegación de ambas flotas prosiguen sin ninguna actividad.

 

 

7.5       4/8.

 

Al amanecer del 4 de agosto, varios buques de la Armada han quedado rezagados a seis leguas al sur del St. Catherine’s Point de la Isle of Wight. John Hawkins en el Victory observa a estos navíos y pone en el agua sus embarcaciones menores y con ellas bogando es remolcado hacia los estáticos navíos españoles. Alonso de Leyva junto con las galeazas San Lorenzo, la Zúñiga y la Girona, la nave San Juan de Sicilia, La Anunciada y otros bajeles se dirigen a auxiliar a los buques españoles.

Los ingleses contestan acercándose los buques Ark Royal seguido del Golden Lion y otros navíos remorcados para ayudar a Howkins. Tras dos horas de cañoneo Leyva libra del acoso que estaban siendo sometidos buques españoles por los ingleses. Estos sucede en la parte sur y centro de la flota española. En el norte, el ala izquierda de la retaguardia española al mando de Recalde se encuentran cerca de la escuadra de Frobisher en su navío Triumph que están maniobrando para ganar el barlovento y evitar sobre todo que los navíos españoles puedan caer sobre él, ya que persisten las brisas de noreste.

Sobre las 10 de la mañana, una vez terminada las acciones de las galeazas, el viento se pone de suroeste, lo que permite que los barcos principales de la escuadra de Howard encabezada por el Ark Royal arrumbe hacia el noreste para apoyar a Frobisher, pero en la derrota se cruza el San Martín y la galeaza Napolitana de Perucchio Morán, que desde la vanguardia española acuden al auxilio de las restantes galeazas y la Rata de Leyva que se encuentran aisladas. Se produce un combate de cerca entre las dos capitanas, al encontrarse la mar plana se abren las portas de las baterías bajas de ambos navíos y empiezan a tronar descargando la artillería pesada. En apoyo del San Martín acuden el galeón San Luis de Agustín Mexía, el galeón San Juan de Recalde, el San Juan menor de Diego Enríquez, la Santa Ana de Oquendo y el galeón La Ascensión, que junto a otros bajeles españoles obligan la retirada de la capitana inglesa retirándose malparada de algún cañonazo de Oquendo y un poco sotaventada.

 

En cambio en el norte los problemas para Frobisher se agudizan, sin apenas viento y con ayuda de once esquifes trata de alejarse de los buques españoles Gran Grín de Pedro de Mendoza, San Juan de Sicilia de Diego Téllez Enríquez, San Cristóbal de Gregorio de Alas y otros, más tarde se unirán el San Martín , San Marcos, San Juan de Recalde, Santa Ana de Oquendo, una vez finalizado el combate que mantenía con el grupo de Howard.

Frobisher arría su estandarte, tira varios cañonazos de socorro mientras los buques españoles se acercan y se preparan para el abordaje. En ese momento, refresca el viento, librando el buque inglés del peligro pudiéndose dar a la fuga.

Este cambio de viento le vuelve dar el barlovento a los ingleses. Medina Sidonia al ver que la isla de Wight está cerca y la imposibilidad de dar alcance a ningún buque enemigo, ordena proseguir la marcha hacía Flandes con buen viento. La flota inglesa está muy retrasada. Son las dos o tres de la tarde. Ya por la tarde Medina Sidonia despacha a Dunquerque al capitán Pedro de león con correspondencia para Parma, solicitándole urgentemente pólvora y municiones y que esté preparado para salir porque en pocos días ya se encontrará a su altura.

 

No todos comparten la decisión de parar el hostigamiento a Frobisher y seguir la marcha dejando atrás la Isle de Wight. Días atrás en el consejo de guerra del 31 de julio se acordó no seguir más allá de esta isla sin saber nada de Parma como era el caso. Recalde conocía perfectamente la zona, en 1575 comandó una armada que llevaba tropa a Flandes, fondeó una semana frente a Cowes y conocía perfectamente el fondeadero del Solent 10.  Pero lo que desconoce Recalde es que la opinión de Sidonia ha cambiado en los últimos días. Dos días después del consejo, el 2/8 Sidonia escribe a Hugo de Moncada 11 que “lo importante para nosotros es proseguir nuestra navegación, porque esta gente no tiene intención de combatir, sino de retrasar nuestro viaje”.

 

 

7.6         La tensa espera en Calais. (del 5 al 7 de agosto).

 

Por la tarde sobre las 16:00 del día 5, Medina Sidonia envía a Parma un nuevo aviso, esta vez se trata del piloto Domingo Ochoa embarcado en una falúa o zabra 12, cuando la ciudad de Dunquerque ya esta a la vista de la armada española.

 

Al amanecer del 6/8 las dos flotas se encuentran a tiro de cañón navegando con viento suroeste. La inglesa va con más de 90 velas. La armada prosigue su navegación gobernando el cabo Gris-Nez. Es entonces cuando el duque pide consejo a sus generales que es lo que se debe hacer mientras aguarda la salida de Parma, se encuentra a 7 leguas de Dunquerque 13. Finalmente el duque decide fondear en una rada abierta cercana a Calais. Se opusieron tres de los generales principales de la armada que fueron Recalde, Leyva y Miguel de Oquendo 14. Este último era del parecer que no se diera allí fondo de ninguna de las maneras, porque tenía por cierto que dándose allí fondo, nos habíamos de perder”.

 

Sobre las 16:00 la armada fondea en las proximidades de la playa de San Juan, quedando el centro de la formación entre dos y tres millas a poniente de la plaza fortificada de Calais a 20 millas de Dunquerque. Inmediatamente  lo hace la flota inglesa a dos o tres millas de la española fuera del alcance de los cañones.

 

El número total de navíos ingleses es de unos 140 una vez se han juntado con la escuadra de Seymour procedentes de Las Dunas cerca de Dover. La escuadra de Seymour está compuesta casi en su mayoría por unidades de poco tonelaje, tan solo cinco unidades superan las  cien toneladas. Mientras 32 navíos de los Países Bajos al mando del conde Justinus van Nassau, se encuentran a la expectativa en Flessinga, de los movimientos que pueda hacer el príncipe de Parma.

 

Medina Sidonia despacha al capitán Pedro de Heredia a cumplimentar al gobernador de Calais, Giraud de Mauleón. También Sidonia despacha un correo a su secretario Jerónimo de Arceo para el duque de Parma, avisándole de su fondeo en Calais y del gran peligro que este presenta, invitándole que en la mayor brevedad posible salga con su flota a la mar.

15 (Muy importante 7/8, recibió la respuesta 3/8 de Parma en manos de Rodrigo Tello).

 

 

Rodrigo Tello llegó el 2/8, pero no fue sino al día siguiente cuando Parma redacta la carta, perdiéndose 24 horas muy valiosas, al significar que la respuesta de Parma hubiera llegado a Sidonia antes del consejo y con ello posiblemente se hubiera evitado fondear en Calais.

 

Por la tarde despacha de nuevo, esta vez una zabra con una carta solicitándole que le envíe 40 filibotes, para poder luchar con el enemigo, mientras espera que Farnesio pueda salir. Sidonia se teme lo peor,  por delante, las tropas de Farnesio no están preparadas, y además por detrás, perseguidos por una armada inglesa entera. Se siente acorralado, rodeados de peligros e incertidumbre, ha seguido hasta ahora meticulosamente las instrucciones que Su Majestad le ordenó acatar, pero ese seguimiento ciego y obedecer a los consejeros mas conservadores como Diego flores de Valdés ha originado llegar antes a la cita, aunque para ello haya dejado tirado por el camino a Pedro de Valdés, haber desaprovechado la ocasión de atacar por sorpresa al grueso principal de la armada inglesa en Plymouth, no haber intentado apoderarse de la Isla de Wight con el fin de tener un lugar donde poder esperar si surgiera algún contratiempo climatológico o de no estar aún listas las tropas de Farnesio, como ha sido el caso.

 

 Nos podemos imaginar la angustia de Sidonia, su falta de ilusión de encabezar la empresa se une su inexperiencia en la guerra. En estos momentos donde lo previsto se ha desmoronado, se necesita un perfil de comandante capaz de adaptarse a las circunstancias reales y buscar soluciones rápidas y efectivas, además de despertar la confianza y fe de sus oficiales y soldados como haría un marino de la experiencia de Santa Cruz. En vez de ello, por la cabeza del de Sidonia aparece la palabra justificarse y buscar argumentos de lo que presume le espera. El ha cumplido, ha llegado a la zona de  reunión con Parma con una enorme armada, que las averías y accidentes ha menguado en muy pocas unidades y es el duque de Parma quién no está preparado. En todo caso será Farnesio quién deba dar las explicaciones del porqué no tenía las cosas listas.

 

Hasta las 05:00 de la mañana del día 7/8 la mar está en calma, es a partir de esa hora cuando empieza a llover. Al amanecer una zabra se acerca a la Armada, lleva a bordo a Rodrigo Tello con una carta de Farnesio. Por fin ya Sidonia va leer y saber de primera mano como se encuentran las tropas de Farnesio. Le comunica que aún tardará una semana en tenerlo todo listo. 16

Asimismo la armada tampoco se podía reunir con el por el problema que planteaba los bancos de arena.

Por la tarde el duque de Sidonia, despacha al proveedor Bernabé de Pedroso y al pagador Juan de Herta con 6000 escudos de oro para aprovisionarse de queso, legumbres y medicinas en Calais. 17

 

De nuevo el duque despacha a un nuevo mensajero que recae en el funcionario de mayor nivel de la administración real embarcado en la Armada, se trata del veedor general de la armada, Jorge Manrique. Poco después de partir este, llegó un nuevo aviso de Parma traído por Gonzalo de Arceo, donde se indicaba que aún le quedaba un par de semanas.

 

Farnesio no dio la orden de embarque hasta el 6 de agosto, cuando se presentó Juan Gil y posteriormente Pedro de León, enviados desde la mar por Sidonia con las noticias de las primeras acciones del canal 18, Farnesio se limitó a ordenar “ que la gente que estaba lejos del embarcadero se acercase a toda prisa”.

 

Nunca se sabrá la verdadera causa del retraso de estos cuatro días que van a ser fatales para el éxito de la operación. Parma era conocedor perfectamente que la armada el día 5 se encuentra  a 80 millas de Calais, por lo que el día 7 sabía que la armada estaría sobre Flandes, también era conocedor de la situación angustiosa de la armada, tras la llegada de uno de los mensajeros el día 6. Aún con ese conocimiento de las cosas, escribe el día 7 al Rey que “ yo, entretanto, he quedado acabando negocios y formando despachos, y mañana (8 de agosto) parto para la marina, donde estaré presto para servir a vuestra majestad”. Parece evidente que Parma está dilatando sus órdenes y movimientos. Incluso según Moreo, Parma no dejó instrucciones, ni gente ni dinero al conde de Mansfelt, sucesor de Parma en la gobernación de los Países Bajos cuando este partiese para Inglaterra.

 

Ver (Nota 15,54, BMO, apreciación de Jorge Manrique).

 

Parma escribía al Rey que durante el día 8 había embarcado en Nieuwport 18000 soldados alemanes, valones e italianos. A la mañana del día 9 estaba embarcando los soldados de los tercíos de infantería española y la caballería en Dunquerque. A las 10:30 de ese mismo día 9, llega el veedor general Jorgue Manrique con carta del duque de Medina Sidonia, solicitándole ayuda y su pretensión de ganar la isla de Wight o pelear con la armada enemiga. Parma le hace saber a Manrique que la calidad de sus navíos no es de combatir sino de ser escoltados.

 

El día 10 conocedor Parma de los sucesos de los brulotes en Calais y de que la armada navegaba rumbo al norte, al enterarse por el príncipe de Ascoli y Marolín de Juan. Parma entiende que se ha consumado la desgracia y la armada no volverá. Es cuando Parma a tenor de las críticas recibidas por los mensajeros que han podido observar en persona el estado real de la flota, argumenta lo siguiente 19:

 

“…, por má que algunos de los que han venido de parte del duque hayan querido decir que no se hallaba pronta, se han engañado porque no era posible hacerlo más breve, como se ha visto por la experiencia de la que en pocas horas se ha embarcado, ..”

 

 

En opinión de Jorgue Manrique en carta al secretario Idiáquez, escribe sobre el estado del embarcadero en Dunquerque “ en los navíos en todos ellos no había una libra de artillería ni de cosa de comer”, otros hablan de que muchas barcazas estaban anegadas y todos coinciden que las tropas de Farnesio no estaban listas. El debate que surge en la Armada, es si ha sido intencionadamente provocada esta situación por Parma o es la incompetencia de toda la administración de Flandes, recordemos que cerca de 100 funcionarios estaban encargados de controlar los preparativos y formación de la flota de Flandes.

 

Jorge Manrique exonera de responsabilidad a Parma y culpa a la corrupción presente en los Países Bajos y escribe:  “…. Tanto los marineros como los encargados de las obras, hacen tan clara y descubiertamente lo que peor es a su majestad, que no es su súplica sino cómo comerle su hacienda y que dure esto la guerra; y esto no en la gente menuda solamente”.

 

En toda Europa se rumoreaba de las razones que habría detrás que habían provocado que la armada de Farnesio no estuviera lista. Muchos opinaban que había sido una traición de Parma. Incluso Bernardino de Mendoza escribe al Rey las opiniones de muchos franceses que pensaban que Parma quería rebelarse contra Felipe II. 20 También se hablaba de supuestos comentarios que habrían efectuados los delegados ingleses participantes en las conversaciones de paz, cuando regresaban de Flandes, que Parma no intentaría nada contra Inglaterra. Parma a tenor de que las críticas a su persona crecían, despacha a dos de sus consejeros, Juan de Moreo a Madrid para explicar detalladamente como sucedió todo y a Nicola Cesis a Roma para justificarse ante el papado.

A finales de septiembre recibe una carta desde Inglaterra por Horatio Pallavicino proponiéndole que traicione al rey de España y se erija soberano de los Países Bajos con el apoyo de la reina Isabel de Inglaterra y el visto bueno de Francia. Farnesio se enoja y demostrando su lealtad s su tío Felipe II le escribe, comunicándole el contenido de tan indigna propuesta. 21 El emisario de de tan bellaca carta  denombre Jácomo Morone Fiesco fue encarcelado.

 

 

La realidad por mucho que  el  duque de Parma quisiera disimularla había dejado claro la tardanza en ordenar el embarque, pues no se da hasta el día 7, cuando desde el día 2 tenía conocimiento de la aproximación de la armada al llegar el primer mensajero de Sidonia.

 

 

7.7       El combate de Gravelines. 8/8.

 

En la mañana del día 7, tiene lugar un consejo en la armada inglesa donde se decide la operación de lanzar brulotes contra la flota española fondeada en Calais, las condiciones de mar y metereológicas son propicias. Se designa a los capitanes Yonge y Prouse para alistar los brulotes anteriormente seleccionados por Howard entre los buques integrados en la propia flota, sin esperar la llegada de Henry Palmer despachado a Dover con el fin de elegir y preparar los brulotes más idóneos atracados en ese puerto inglés.

 

Al ponerse el sol la armada española divisa como hay movimientos extraños en la armada inglesa, esta se está abriendo despejando el paso a la derrota prevista de los brulotes. Entonces Medina Sidonia ordena al capitán Antonio Serrano que embarque en una pinaza provista de un ancla para interponerse entre ambas armadas y desviar los brulotes. También se ordenan a los buques que tengan sus lanchas preparadas con remeros para realizar la misma misión que la encomendada a Serrano.

 

Sobre la 00:30 aprovechando la marea y el viento favorable fueron enviados los 8 barcos incendiados y cargados de artillería para hacer explosión cuando se encontrara cerca de la flota española. Con una corriente de más de dos nudos y el viento de popa, en 15 o 20 minutos llegarían a la altura de la armada española. 

Muchos recuerdan las máquinas infernales inventadas por Federico Gianbelli y que tanto daño provocaron a las tropas españolas en el asedio de Amberes, tres años antes. Se sabe que ahora reside en Inglaterra. Todo ello provoca situaciones de pánico. El duque ordena abandonar el fondeadero y regresar a él una vea haya pasado el peligro. Con esta medida evitan la acción de los brulotes que se pierden en los bancos de arena de Dunquerque, pero ante la confusión y premura de tiempo muchos barcos han cortado amarras y se han perdido muchas anclas provocando la pérdida de entre 200 y 300 anclas.

 

El duque despacha al Príncipe de Ascoli junto al piloto Marolín de Juan para avisar a los generales de la flota para una nueva reunión del consejo. Cuando llega al costado del San Juan de Recalde, Ascoli “ dijo al almirante que fuese a la capitana, y este le respondió que no era aquella buena hora de dejar su barco, y que su voto valía poco. El príncipe le respondió que porque su voto no valía se había salido   y por la confusión que había en el galeón San Martín”.

 

No faltó quien aconsejase al duque se saliese de la capitana para escapar su persona por el gran peligro que se encontraba. Al duque no le pareció honroso aquel consejo y siguió en su puesto ordenando y mandando a los demás buques de cómo salir de semejante peligro.

 

 

El San Martín maniobra para terminar fondeando a tres leguas de Calais, una más hacia Dunquerque de la situación primitiva alcanzada el día 6, aproximadamente a la altura y a poniente de Gravelines, disparando cañonazos para que el resto de la armada hiciese lo mismo y volver a reunirla. Solo le imitan cuatro navíos y algunos pataches que estaban en sus cercanías.

 

Al abandonar la armada el fondeadero tras el ataque de los brulotes, la galeaza capitana San Lorenzo queda sin gobierno pues sus timones han tocado con el ancla de la Girona y de La Rata Encoronada.

 

La suerte de la galeaza San Lorenzo al mando del general Hugo de Moncada estaba ya sentenciada pues a la falta de gobierno habría que unirle el viento y las corrientes la llevan sin remedio hacia Calais. El almirante Howard encabeza la primera columna inglesa que al observar el mal estado del San Lorenzo abandona su cometido de perseguir la Armada y se dirige a la galeaza, finalmente esta vara en los bancos de arena cercanos a Calais. Queda de tal modo que la escora la imposibilita el empleo eficaz de la artillería que queda mirando al cielo. Parte de la dotación y los forzados se arrojan al agua para protegerse.  Es rodeado y atacado por varios buques ingleses entre ellos el Margaret and John y las barcas que ha enviado Howard desde el Ark Royal. Los enfrentamientos duran una media hora donde Moncada y parte de sus hombres se defienden hasta que el general cae muerto de un tiro en la cabeza, en ese momento el barco es abandonado, los ingleses entran en el, saqueándolo durante algo mas de una hora, esperan la pleamar para remolcar el buque. Bernabé Pedroso y Jorge Manrique presionan al gobernador de Calais, Gourdan que despache a unos emisarios y comunique a los ingleses que se abstengan de remolcar o quemar el barco ya que se encuentra en territorio francés, los ingleses no atienden a razones y finalmente el gobernador ordena abrir fuego con sus baterías a donde se encontraba los ingleses, abandonando el pillaje y embarcando de nuevo para perseguir a la Armada.

No obstante con esta acción solo cambió las manos en el pillaje ya que la galeaza fue de nuevo saqueada pero esta vez por los franceses, que se negaron a llevarla a puerto como solicitó Bernabé de Pedroso aprovechando la pleamar.

 

Este incidente penoso por la pérdida de uno de los buques principales de la flota española ha significado un alivio y respiro para el resto de la flota que se encuentra dispersa.

 

Entre las 07:00 y 08:00 horas y a la vista de Calais, la escuadra de Drake se dirige hacía los dos grupos de navíos españoles más próximos pero separados entre sí.

 

Medina Sidonia ordena que los pataches avisen a los barcos de los peligros de los bancos de arena y que por consejo de los pilotos flamencos que lleva en la armada se mantenga a la orza.

 

El enemigo acorta distancia y el San Martín junto con los navíos mas cercanos se atraviesan para proteger al resto de los buques que ya empiezan a agruparse.

Empieza un duro cañoneo sobre el San Juan de Recalde que es el buque mas rezagado que es disparado por el Revenge de Drake y su escuadra disparan más de mil cañonazos acompañados de mucha arcabucería y mosquetería, siendo respondido por el San Juan.

 

En apoyo de Recalde acuden los galeones San Felipe y San Mateo y la nao María Juan que se encuentran cercanas y consiguen sacarla del apuro.

 

Mientras el San Martín está rodeado de buques enemigos, reforzado por la llegada de la escuadra de John Hawkins en su buque Victory. Se encuentran a tiro de arcabuz, pero sin llegar  al abordaje, “ le dieron tantos cañonazos que fue maravilla que no se fuera al fondo”, gracias a la labor de achique y de los buzos al taponamiento de los impactos con planchas de plomo. Los proyectiles que impactas en el San Martín son pesados, algunos de ellos de 50 libras de hierro colado. Los ingleses cesan el ataque al San Martín y acompañantes hacia las 15:00 horas, abandonándolos sin lograr su destrucción que debe suponer imposible, para dirigirse al centro de la armada. El San Martín ha sido apoyado por el San Marcos de Peñafiel, la nao Santa Bárbara, de la escuadra de Oquendo, entre otros. 22

 

La columna de Henry Seymour en el Rainbow sobre las 09:00 – 10:00 de la mañana se dirige al ala derecha de la retaguardia española a la altura de Gravelines, a un grupo de navíos españoles que se han quedado rezagados, posiblemente se traten de los navíos San Cristóbal, La Regazona de Bertendona, San Juan de Diego Enríquez San Juan de Sicilia de Diego Téllez Enríquez que soportan un duro cañoneo, solo el Vanguard dispara 500 proyectiles de medio cañón, culebrina y media culebrina a corta distancia.

 

Cuando los galeones San Felipe y San Mateo y la nao María Juan acaban de sacar del peligro al San Juan de Recalde, se incorporan a la retaguardia española de la que se encuentran rezagados. De nuevo vuelven a verse envueltos por la tarde por varios navíos ingleses de la escuadra del almirante Howard, que debido al ataque de la galeaza San Lorenzo, se unían tres horas mas tardes al ataque a la retaguardia de la armada española

El San Felipe, desaparejado y libre de enemigos, Francisco de Toledo vuelve a cargar metiéndose en la retaguardia inglesa buscando el abordaje, quedando rodeado de por los buques ingleses Eizabeth Buenaventure, Rainbow y Vanguard. El San Mateo, junto con La Trinidad Valencera de Alonso de Luzón, Santa María de Begoña y el San Juan de Sicilia acuden a socorrerlo, que también son rodeados por bastantes navíos ingleses. Los soldados españoles se emplearon a fondo utilizando fuego de arcabuz y mosquetería debido a la cercanía de la batalla, los ingleses contestaban con fuego cercano de artillería pesada. El San Martín se encuentra rodeado en algunos momentos de la batalla por 17 navíos ingleses. El San Mateo es rodeado entre 10 y 13 buques ingleses y buscando el abordaje que los ingleses rehúsan continuamente.

 

Diego Pimentel se niega abandonar el buque que se encuentra en muy mal estado después del castigo sometido y despacha a dos de sus hombres Rodridgo de Rivero y Luis Vanegas solicitándole a Sidonia que despache algún piloto y buzos para intentar estancar el casco. Se despacha gente pero por la mar y lo tarde no llegan al navío. Al anochecer se perdía de vista llevado por el viento y las corrientes hacia la costa entre Ostende y Sluys.

 

El San Felipe 23 se defiende duramente contra el acoso a corta distancia de entre 12 a 16 navíos ingleses, terminando el hostigamiento hacia las 18:00 horas, quedando destrozado y con más de 100 muertos. Francisco de Toledo solicita el socorro de las naves españolas mas cercana.  24 Creyendo que el hundimiento está próximo, acuden la urca Doncella, de Miguel de Santiago, y se procede al trasbordo de la gente, cuando casi la totalidad de la embarcación está a salvo en la urca, está empieza a tener problemas  de estabilidad, reembarcándose parte de la dotación al San Felipe. El maestre de campo Francisco de Toledo junto con el capitán Juan Poza de Santiso acompañados por unos treinta hombres. El navío Ascensión, de la escuadra de Castilla también auxilia a unas 18 personas del San Felipe. Finalmente el San Felipe fondea el 9/8 entre Ostende y Nieuwpoort,. Sus ocupantes lo abandonan y una vez alcanzada la playa se trasladan a Nieuwpoort y más tarde se presentan ante Parma. El buque es remolcado por los rebeldes holandeses hasta Flessinga (Vissingen).

 

 

La nao María Juan de la escuadra de Vizcaya, cuyo capitán y maestre es Pedro Sanz de Ugarte que tras duros combates rodeados de varios buques ingleses que la dejan destrozada, sin timón, desarbolada, pidiendo socorro porque se va a pique. Sobre las 21:00 horas, ya noche cerrada, el galeón San Juan de Recalde pasa próximo a ellos pudiendo recatar una barca con gente, entre ellos Sanz de Ugarte. Fue el único navío de la armada hundido por fuego de cañón durante toda la campaña. Con el buque se ahogaron más de 200 hombres.

 

El día 9/8, el patache San Antonio de Padua, de la escuadra de Castilla es quemado y se apresa por los holandeses los 21 marineros a bordo que posteriormente serían asesinados por sus captores.

 

Al final de la jornada las pérdidas españolas, según el capitán Alonso de Vanegas son de 600 muertos y 800 heridos. Mientras las inglesas se cuantifican entre los 60 según Fenner y las 300 según los avisos de Antonio de Vega.

La mar es tan grande que impide reparar las averías de los navíos españoles malparados, aunque la mayor preocupación de los españoles son la proximidad de los bajos de Flandes.

Mientras el sentir general de los mandos ingleses es relativamente optimista, entienden que la armada española se está debilitando en palabras del almirante Howard, poco a poco. Entienden que la batalla ha sido dura y han consumido casi la totalidad de la pólvora y municiones, y se encuentran escasos de bastimentos, de no ser por ello, se hubiera obtenido la victoria. Se critica la poca  actuación de sus barcos mercantes y la nula asistencia de la flota holandesa. En opinión del capitán inglés Fenner, le ha llamado la atención la falta de socorro a los buques inermes españoles que se han dejado a su suerte.

 

Sobre esto Recalde escribe 25 acerca del abandono a su suerte de los navíos más perjudicados, San Felipe, San Mateo y María Juan; “…  le envió a decir el duque que siguiese su derrota y que no se empeñase por nadie, que fue harta lástima para él y a todos los demás”. También Gonzalo de Eraso, testigo presencial a bordo del San Martín, refirió que cuando dijo al duque la convivencia de esperar a los dos galeones San Felipe y San Mateo o darles remolque, y en su caso sacar a la gente y hundir el buque para evitar que el enemigo se aprovechase de ellos, “no solo no se hizo, mas antes se procuró apartar del enemigo”  26.

 

Notas

Periodo VII

 

1 (BMO Nota, 18, 19).

2 (BMO Nota 21).

3 (BMO Nota 12,49)

4 (BMO Nota 10,52)

5 (BMO Nota 12,53)

6 (BMO Nota 12,57)

7 (BMO Nota 12,58)

8 (BMO Nota 12,62-63)

9 (BMO Nota 12/64)

10 (BMO Nota 14,26)

11 (BMO Nota 12,25, BMO 5979)

12 (BMO Nota 15,5)

13 (BMO Nota 15,10)

14 (BMO Nota 15, 11-13, BMO (6683, 6113, 6566))

15 (BMO Nota 15,25, BMO 6032)

16 (BMO Nota 15,31)

17 (BMO Nota 15,32)

18 (BMO Nota 15, 52, BMO 6079)

19 (BMO Nota 15,58)

20 (BMO Nota 15,67, BMO 6495)

21 (BMO Nota 15,72, BMO 6548)

22 (BMO Nota 16, 17-18)

23 (BMO Nota 16,26, BMO 6500)

24 (BMO Nota 16,17)

25 (BMO Nota 16,20)

26 (BMO 6577)