PREGUNTAS Y RESPUESTAS.

 

 

 

 

¿Por qué Felipe II decidió atacar Inglaterra?

 

¿Cómo se gestó el plan de ataque?

 

¿Cómo se organizan y se van formando las Armadas?

 

¿Qué papel jugó Santa Cruz?

 

¿Cómo organizó la Armada Medina Sidonia?

 

¿Quién fue el responsable de que Diego Flores de Valdés fuera elegido como asesor en temas de mar?

 

¿Cómo evaluamos el papel final de Medina Sidonia?

 

Claves del fracaso español.

 

¿Qué fue de los personajes principales de la Armada?

 

¿Cómo trata la historia la derrota española?

 

¿Por qué no se presentó a la cita la flota de Farnesio?

 

Los aliados de los españoles y de los ingleses.

 

Los recursos humanos de la Armada.

 

¿Hubo negociaciones de paz?

 

¿Y en Flandes como marchan los preparativos?

 

El tema de los bastimentos.

 

¿Qué papel juegan los espías?

 

¿Fue efectivo el ataque de Drake a Cádiz?

 

¿Fueron justas las críticas de Felipe II a Santa Cruz?

 

¿Qué candidatos había para sustituirlo?

 

¿Por qué eligió a Medina Sidonia?

 

¿Cómo fueron los medios navales de Farnesio?

 

¿Cuál fue la estrategia de navegación y el plan de ataque acordado en Lisboa?

 

¿Se cambió su plan de ataque en La Coruña?

 

¿Cuál fueron las instrucciones de Felipe II?

 

¿Hubo instrucciones secretas?

 

¿Cómo fue el trayecto de Lisboa a La Coruña?

 

¿Actuó bien Sidonia ordenando recalar en La Coruña?

 

¿Cómo fue la estancia en La Coruña?

 

Consejo de guerra. ¿Atacamos Plymouth?

 

¿Recalada en Wight?.

 

¿Cómo fueron tratados los prisioneros?

 

La Armada y la religión. La leyenda negra española y la propaganda histórica.

 

Comparativa La Empresa (1588) con La Gloriosa (1688).

 

 

 

¿Por qué Felipe II decidió atacar Inglaterra?

 

Durante más de dos décadas Felipe II hizo oídos sordos a las presiones de Roma y la opinión de muchos de sus consejeros, tanto políticos como militares de atacar Inglaterra y deponer a la reina hereje.

 

Al recrudecimiento de las persecuciones de los católicos ingleses por parte de la reina Isabel I de Inglaterra, de los ataques llevados a cabo por piratas y corsarios ingleses a los dominios españoles con el beneplácito de esta, que en la mayoría de los casos recibía su parte del botín, había que sumarle, la injerencia directa en los asuntos políticos y militares españoles, como el apoyo a Don Antonio, prior de Crato para la Corona portuguesa y sobre todo el apoyo militar, enviando tropas al socorro de los holandeses en la guerra civil que llevaban a cabo en los Países Bajos contra España y los que apoyaban a estos.

 

Felipe II es cuando toma realmente en consideración las opiniones de sus consejeros, como la del almirante Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz que dejó escritas dos años antes, una vez realizadas la jornada de Las Terceiras.

 

Resumiendo, básicamente la manera más rápida y económica de eliminar los problemas ocasionados por las acciones inglesas era: “Meterle la guerra dentro”.

 

 

¿Cómo se gestó el plan de ataque?

 

En primer lugar, intentaremos esclarecer que era lo que se pretendía, no se trataba de otra cosa que deponer a la reina inglesa y para ello se provocaría un levantamiento de la parte de la población más oprimida, en este caso la población católica, coincidiendo con  una invasión española cuyo objetivo militar era desembarcar en Inglaterra y dirigirse directamente a Londres, ocuparla militarmente y derrocar a Isabel I por una nueva cabeza, obviamente católica, siendo al principio una de las candidatas la reina de Escocia María Estuardo, que estaba presa  a manos de su prima Isabel I.

 

Para ello Felipe II, pidió sendos planes de ataque a dos de sus militares más prestigiosos. El almirante Álvaro de Bazán y el general y gobernador de los Países Bajos, Alejandro Farnesio, duque de Parma.

 

El plan detallado del primero consistía en enviar una gran armada desde España formada por una flota de unos 500 barcos de todos los portes, formada por cerca de 90.000 hombres, con bastimentos y provisiones para 8 meses. Esta armada era totalmente autónoma y el mando recaería en el marqués.

 

El plan de Farnesio era mucho más económico, se trataba de juntar un ejército de unos 30.000 hombres en Flandes, cruzar el canal de La Mancha aprovechando el buen tiempo y la brevedad de la navegación de 8 a 12 horas, desembarcando en una de las orillas del Támesis y  dirigiéndose a Londres. Para ello Parma lo supedita a tres requisitos.

1º.        El secreto de la jornada, pues el canal debe estar libre de barcos ingleses y holandeses.

2º.        Asegurar las fronteras y ciudades del Flandes español.

3º.        Evitar el peligro francés que supone tener parte del ejército en Inglaterra, para ello se intentaría que estuvieran enfrentados entre ellos.

 

Finalmente Felipe II opta básicamente por el plan de Farnesio, “regalándole el apoyo de una armada venida desde España”.

 

 

 

¿Cómo se organizan y se van formando las Armadas?

 

Armada española.

 

En  febrero de 1586, el rey ordena la creación de una armada para la guarda de la costa atlántica, nace así el germen de la escuadra de Portugal.

 

En abril se levanta en Guipúzcoa  y las Cuatro Villas una flota de naves de gran porte en la primera y pataches, zabras y pinazas en la segunda. Con el tiempo la levantada en Guipúzcoa se denominará injustamente Escuadra de Vizcaya, tal vez debido a la procedencia del almirante de la misma, el bilbaíno Juan Martínez de Recalde. Y las embarcaciones ligeras encaminadas fundamentalmente a tareas de mensajería y comunicaciones, serán el origen de la escuadra de zabras y pataches al mando de su organizador Antonio Hurtado de Mendoza.

 

Podemos decir que el año 1586 fue bastante lento en la preparación de la Armada y eso que se pretendía realizar la jornada en octubre de ese mismo año. Esa lentitud principalmente hay que achacarla al Rey y la Corte.

 

Es en 1587, cuando se aceleran los preparativos. A mi entender la noticia de la ejecución de la reina escocesa María Estuardo a manos de ls  reina inglesa, provoca un punto de no retorno y la contemporización mostrada por el Rey durante 1586 en los preparativos fue sustituida por una toma de iniciativa, entorpecida por la lenta e inmensa maquinaria burocrática y lo que es mas importante, la falta de dinero para costear la formación de dos armadas con sus respectivos ejércitos.

 

En febrero de 1587 se levanta en Guipúzcoa la segunda escuadra de esta provincia en menos de un año, el mando recae en el guipuzcoano Miguel de Oquendo.

 

De los preparativos en Sevilla de la flota de Nueva España, propicia que se forme en mayo de ese año una nueva escuadra con una selección de naves de esa flota. Esta será la base de la escuadra de Andalucía. El general al mando de esta escuadra es Pedro de Valdés, nombrado el 17/11/1587.

 

También se realizan embargos de naves de transporte, generalmente urcas, que se encontraban principalmente en Cádiz, formándose la escuadra de urcas de transporte recayendo el mando en Juan Gómez de Medina.

 

Durante el año 1587 se va formando en los virreinatos de Nápoles y Sicilia, sendas armadas de naves principalmente diseñadas para aguas del Mediterráneo, abundando las naves de procedencia de Raguza, actual Dubrovnik (Croacia) y cuatro galeazas.

Estas últimas formaran la escuadra de galeazas. Las restantes naves conformarían la base de la escuadra de Levante.  Los mandos recayeron en el valenciano Hugo de Moncada y el bilbaíno Martín de Bertendona, respectivamente. Ambos asignados por el rey meses después de que estas naves llegaran a Lisboa.

 

La escuadra de Castilla fue la última escuadra en formarse, de una selección de buques de la Armada para la guarda de la carrera de Indias de Álvaro Flores de Quiñones. Llegó a Lisboa el 28/4/1588. Al mando de la misma se encontraba Diego Flóres de Valdés.

 

Aunque en el ambicioso plan del marqués de Santa Cruz, solicitaba 40 galeras, cuyo principal papel en la jornada era prestar apoyo y cobertura a las barcas de desembarco, remolcándolas hasta muy próximas a la costa, asegurando la rapidez en la formación de una cabeza de playa, tal como ya realizaran años atrás en Las Terceiras (Azores), en uno de los primeros desembarcos anfibios de la historia militar moderna.

El Rey le había negado la formación de galeras, aunque el marqués había rebajado su número a la docena. A finales de diciembre de 1587, Felipe II accede a tan solo cuatro y de las más viejas presentes en Lisboa por miedo a desguarnecer la protección de la costa española, también se opuso  a la incorporación de las nuevas construidas en las atarazanas de Barcelona.

 

Ya por último, a comienzos de 1588 se aprestaron en Lisboa, las poco reconocidas carabelas y falúas con la función de avituallamiento y mensajería. Muchas de las carabelas almacenaban aguada y víveres.

 

 

 

 

¿Qué papel jugó Santa Cruz?

 

El papel que Felipe II tenía para el marqués de Santa Cruz era el de formar una armada con base en Lisboa, conducirla al canal y escoltar y proteger el desembarco del ejército de Farnesio. Su papel era secundario, pues habrá que recordar que la armada de Santa Cruz estaba supeditada una vez tuviera contacto con la flota de Flandes a Alejandro Farnesio, comandante principal de la operación de Inglaterra.

 

Santa Cruz falleció a comienzos de febrero de 1588, por lo que no pudo entrar en el periodo de ejecución de La Empresa.

Su papel de organizador fue muy criticado por Felipe II, acusándole de ralentizar la formación de  la armada por celos con el duque de Parma al comunicarle el Rey que sería en este donde recaería el mando principal de la jornada de Inglaterra. El otoño de 1587 es cuando se evidencia las duras críticas y poca consideración que el Rey va teniendo a Santa Cruz. Aumentándose las críticas en contra, al conocer el parecer del marqués una vez ha retornado a Lisboa con la flota que salió al encuentro de Drake tras el ataque a Cádiz , El Algarve y Las Azores. En el tiempo de ausencia de Álvaro de Bazán, los trabajos de formación de la Armada habían recaído en Alonso de Leyva, noble muy apreciado por el monarca y que había escrito a la corte comunicándole que dejaba la flota en muy buen estado, casi lista para partir cuando llegara la flota del almirante. Este parecer fue anulado una vez el marqués regresó con su flota en bastante mal estado y pudo comprobar que aunque se avanzó en la formación del resto de barcos que se habían quedado y los que habían llegado al mando del conde de Santa Gadea, aún no estaban listos para partir y le faltaban muchas reparaciones y provisiones. Esto provocó un nuevo conflicto que sumado a las noticias mal interpretadas de que la flota de Farnesio estaba lista aguardando a la flota de Lisboa reforzó la escalada de desconfianza del Rey con el almirante, llegando al punto de despachar a uno de sus consejeros, el conde de Miranda a Lisboa con la orden real, leída en presencia del archiduque Alberto, gobernador de Portugal, de darle un ultimátum y en caso de negarse, relevarle inmediatamente del puesto.

 

Finalmente a la semana, el marqués de Santa Cruz falleció debido a una epidemia de tabardillo que había aparecido en la flota de Lisboa.

 

A nuestro parecer el papel que desempeñó Santa Cruz fue correcto e injustamente criticado. La armada no estaba preparada para partir con un mínimo de garantía. Los retrasos eran más achacables a la falta de dinero, medios y una lenta administración que una incapacidad del almirante de gestionar los recursos. Los nombramientos de puestos claves que dependían del Rey y que eran constantemente solicitados por el marqués se dilataban en el tiempo. Entendemos que la construcción de cañones, falta de dotaciones de los barcos en especial lo referente a marineros o la poca eficacia mostrada para neutralizar el ataque inglés de Francis Drake, no son achacables en absoluto al marqués.

 

Es comprensible pensar que Santa Cruz estuviera decepcionado al comprobar que de aquel ambicioso plan presentado al monarca, al final quedase relegado comandando una armada mucho más menguada de la prevista por el y con el fin secundario de escoltar y proteger al ejército principal de desembarco.  

 

 

 

¿Cómo organizó la Armada Medina Sidonia?

 

Medina Sidonia era un extraordinario organizador de flotas, pues era una tarea de la que gozaba de mucha experiencia al encargarse de la formación de las flotas que partían para América, tanto la de Nueva España, como la de Tierra Firme. Pero no contaba con ninguna experiencia en la mar, pues según sus palabras le había causado reumas en las pocas ocasiones en las que se había embarcado. Tras reusar en varias ocasiones tanto al rey como a sus secretarios, el nombramiento que el monarca le había hecho de sustituir a Álvaro de Bazán tras la muerte de este. Alonso de Guzmán, duque de Medina Sidonia se ofrecía para alistar y terminar de formar la flota de Lisboa que es de lo que sabía, pero para gobernarle y ejecutar la misión, se sentía incapaz y de todo ello con gran sinceridad se lo hacía saber a Felipe II, pero este no las aceptó, originando que por no perder el favor real, el duque terminara por aceptar el cargo, motivado por los consejos de los secretarios Juan de Idiquez y Cristóbal de Moura.

 

La historiografía suele alabar la presteza y rapidez con la que el duque potenció y terminó de preparar la armada, aumentado la producción de cañones, del numero de balas por cañón, la creación de una nueva escuadra, la de Castilla, dotación de cartas de navegación en cada barco, aumento tanto de soldados como de marineros. Todo ello dicho así suena que su eficacia fue altísima, pero se suele omitir causas y detalles que durante la ejecución de la jornada saldrá a flote, donde esas aparentes ventajas se convirtieron en muchos de los casos en auténticos lastres insalvables.

 

A mediados de febrero, salvo la escuadra de Castilla que finalmente accedió el Rey a su formación tal como lo había solicitado tiempo atrás Santa Cruz y que se estaba preparando en Sanlúcar de Barrameda. Todo lo demás estaba listo. Las fundiciones de cañones estaban a pleno rendimiento, coordinadas por el general de artillería Juan Acuña Vela ya estaban dando sus frutos y se estaban embarcando en los buques necesitados de ella. Por lo que podemos decir que la flota si estaba lista, ya que se había acordado que la armada partiría sin la escuadra de Castilla y que esta zarparía para el canal una vez se concluyera su formación.

 

Medina Sidonia llega a Lisboa a mediados de marzo, durante ese mes la formación de la armada de Lisboa recayó en el hermano del marqués de Santa Cruz, Alonso de Bazán.

 

Tras la inspección que Medina Sidonia realiza a la flota le parece que se debe potenciar antes de partir y toma varias medidas entre ellas las nombradas con anterioridad. El parecer sobre las medidas adoptadas por el duque de las cabezas principales de la armada, que habían trabajado en su formación es favorable a Median Sidonia y lo tienen como un hombre competente y conocedor de su oficio de preparar flotas.

 

Estos trabajos se van demorando y el mal estado de la escuadra de Castilla a su llegada a Lisboa, provoca otra nueva tardanza, ya que la escuadra del general Diego Flores de Valdés es pésima y muy deficiente. Es el primero de los grandes errores de este malogrado general.

 

No es hasta finales de mayo, dos meses y medio después de su llegada cuando la Felicísima y Gran Armada parte de Lisboa. La Armada es más fuerte, tiene más unidades, mayor dotación de marineros y soldados, más artillería naval. Pero hay una gran deficiencia que viejos lobos de mar como el almirante de la flota Juan Martínez de Recalde se ha percatado y no es otra que la deficiencia en los bastimentos y vituallas.

 

Una gran parte de los bastimentos fueron embarcados meses atrás y no se han ido reemplazando adecuadamente. La demora en la salida ha provocado que muchos ya estén podridos antes de salir. El aumento del número de hombres pasando de 22000 en la llegada del duque a Lisboa a cerca de 30000 con los que finalmente se hace a la mar. Obviamente la autonomía de la flota se reduce. Antes de partir de Lisboa, en uno de los consejos y a pregunta de Recalde sobre la autonomía de la Armada, Jorge Manrique, dependiendo del alimento entre dos y cuatro meses. Prevaleciendo la opinión que la armada tenía una autonomía de cuatro meses.

 

Por desgracia la realidad se presentó muy pronto hasta el punto que tan solo bastó un par de semanas desde la salida de Lisboa para que fueran palpables las deficiencias en los bastimentos, que sería una de las razones principales para que finalmente el duque ordenara hacer escala en La Coruña. Obviamente esto hay que apuntarlo en el debe del duque. Un error tan importante que sería arrastrado durante toda la jornada, originando cambios de planes y que llegaría incluso a ser esgrimida por el duque como una de las causas principales que le hace tomar decisiones tan importantes como huir del canal rumbo al mar del Norte.

 

Entendemos que si un organizador de flotas se le pasa por alto, ya sea por una evaluación incorrecta o por delegar y confiar en las inspecciones de personas a su cargo, un tema tan básico e importante como la calidad, cantidad, almacenamiento y durabilidad de los bastimentos y no toma medidas eficaces para paliar sus deficiencias, no podemos evaluarlo como un organizador eficaz y siendo benigno en su estudio, decimos que intentó salir del paso como pudo y más teniendo en cuenta que otros ya se ocupaban de esa tarea con anterioridad a su llegada, siempre iba a tener una cabeza de turco para intentar salvar su responsabilidad. Dicha estrategia la veremos utilizar por Medina Sidonia en otros episodios durante  la ejecución de la jornada.

 

 

 

 

¿Quién fue el responsable de que Diego Flores de Valdés fuera elegido como asesor en temas de mar?

 

Esta es una de las preguntas más importantes que nos podemos hacer por lo que implicaría esta decisión en los acontecimientos de la jornada. Medina Sidonia siempre se escuda en las decisiones de Diego Flores de Valdés, como primer asesor naval y lo que es más importante, nombrado por el Rey. Teniendo en cuenta lo poco acertado que estuvo este general en la toma de decisiones.

 

Realizamos para un mejor esclarecimiento un breve resumen cronológico:

 

Se nombra desde la Corte a Diego Flores de Valdés para hacerse cargo de la formación de la última de las escuadras que se decide formar, no es otra que la escuadra de Castilla.

 

Existe un escrito anónimo que llega a la Corte criticando y desaconsejando la elección de este general para asumir este cargo, debido a “lo poco amigo de llegar a las manos”.

 

Aun con las críticas que hubo del mal estado de la escuadra de Castilla a su llegada a Lisboa. Diego Flores de Valdés sigue en la jefatura de esa armada.

 

Ya en La Coruña y a tenor de lo sucedido desde la salida de Lisboa, se decide embarcar junto al duque a los asesores, el  almirante  Diego Flores y el maestre de campo Francisco de bobadilla, para temas de mar y de tierra respectivamente.

 

Llegado a este punto, intentaremos esclarecer como se tejió esos nombramientos.

 

 

El duque sobre el 28 de junio decide pasar a Diego Flores de Valdés a su galeón para que le asesore en cuestiones de mar. (Nota 115 cap 4).

6/7 Medina Sidonia escribe a Juan Idiáquez que …, he ordenado a Diego Flores se pase a ella (San Martín) y a Gregorio de la Alas se pase a la capitana de los galeones de Castilla”

El Consejo de guerra, conocedor de esta decisión, intentando paliar las consecuencias, propone al Rey que también embarque junto al duque a Miguel de Oquendo.

 Finalmente el Rey acepta la designación del duque y no accede a esta petición del Consejo, argumentando no descabezar más los mandos de escuadras. Decisión que lamentaría después el Rey.

Para los temas de la guerra, en palabras del monarca “… lleve cabe sí en el mismo galeón a don Francisco de Bobadilla”.

 

Es decir a la vista de las cartas podemos afirmar que Medina Sidonia para su seguridad, ordena embarcar en su buque a Diego Flores sin ninguna orden previa del Rey. Una vez comunicado su nombramiento al monarca, este no lo desautoriza y ordena embarcar también a Francisco de Babadilla. Así pues Medina Sidonia omite que la decisión de embarcar al almirante es suya y que el papel del Rey es de aprobación de una decisión del duque ya tomada sin antes solicitársela. Dejando al Rey con poco margen de movimiento ya que una negación hubiera implicado una desautorización de su primer comandante en uno momentos muy difíciles como fue la espera en La Coruña y a pocos días de partir de nuevo hacia el canal, hundiendo definitivamente la poca moral y esperanza que el duque tenía en la Empresa.

 

 

 

 

¿Cómo evaluamos el papel final de Medina Sidonia?

 

Mi evaluación de la figura del duque está fuera de las inmensas críticas de sus contemporáneos y las alabanzas de parte de los historiadores actuales.

 

La parte mas positiva del duque es la sinceridad que en todo momento tuvo con el Rey, dejándole claro su incapacidad para tan gran empresa.

Y que en el consejo de guerra del día después de la batalla de Gravelines y ante la idea lanzada por algunos de los consejeros de rendirse a los ingleses viendo el peligro de embarrancar toda la armada en los bajos de la costa de Flandes que era hacía donde el viento conducía irremediablemente a La Felicísima Armada, el duque se mantiene firme y hace caso omiso de tales consejos, dejando claro que no estaba dispuesta a tal deshonor.

 

En la parte crítica, podemos hablar de no ser eficaz en las inspecciones y seguimiento de los bastimentos embarcados tiempo atrás y que antes de salir, una gran parte ya estaban podridos.

 

De seleccionar como asesor a un hombre tan poco dado al combate como Diego Flores de Valdés, con una basta experiencia en comandar los convoyes de las flotas americanas del tesoro. Para la mente de Sidonia y siguiendo a rajatabla las férreas instrucciones de Felipe II, tener como asesor naval un hombre que manejaría directamente la armada hasta el canal y llegar a la costa de Flandes, tal como realmente cumplió, era lo ideal pero omitiendo en su conciencia, el como iba llegar el abrazo con la flota de Farnesio, para escoltarla, si antes no se había deshecho de la armada inglesa y haber ayudado a romper el bloqueo que la flota holandesa y zelandesa que aguardaban la salida de la flota de Parma.

 

Todas las medidas adoptadas tanto en el canal como el regreso de la armada la supedita a sus consejeros directos, Francisco de Bobadilla y Diego Flores de Valdés. Delega para luego excusarse.

 

No confía en sus generales, dejándolo en evidencia en las cartas que envía al Rey desde La Coruña, haciendo crítica a la armada y culpando a los demás del desastre en la navegación de Lisboa a La Coruña, omitiendo toda responsabilidad. Es en La Coruña cuando embarca a Diego Flores junto a el, como primer asesor naval.

 

 

 

 

Claves del fracaso español.

 

Una nota escrita a mano por el Rey al margen de un escrito que el secretario Martín de Idiáquez hace al monarca donde le traslada la documentación recibida de Martínez de Recalde, resume de manera clara el proceder de Felipe II.

“ Todo esto he visto, aunque creo que fuera mejor no haberlo visto, según lo que duele”  (BMO 6716), trasladado al refranero popular español, ojos que no ven, corazón que no siente.

 

Como muchos episodios de la historia de España, se corrió un tupido velo y se evitó profundizar en las negligencias cometidas tanto administrativas como militares.

 

De todas las opiniones, cartas que llegaron a la corte, citaremos varios consejos, con el fin de evitar los errores que existieron en la jornada y que Felipe II si que tomó en consideración:

 

Recalde aconsejó que hubiese mas cuidado en las vituallas y aguadas, una de las grandes claves de la fallida jornada.

Que para conservar al resto de la gente de mar se le pagase las deudas y se dejase ir a sus casas para descansar.

Que no permitiese a los caballeros mozos ni personas recién heredadas estar cerca de la persona del general, en su consejo ni en otro cargo.

Y sobre todo que de volverse a repetir la jornada de Inglaterra, no conviene hacerse como la pasada, sino desde España, aunque las fuerzas y demostraciones de Flandes no se han de dejar por divertir y confundir el enemigo.

 

Álvaro Flóres de Quiñones, sugiere que no hubiese más de un capitán embarcado que fuese marinero y soldado.

Además desaconsejaba que los propietarios de los barcos embarcasen en ellos porque podría condicionar fácilmente a la tripulación desde el maestre al último grumete de encaminar el buque a su antojo sin que lo entienda el capitán.

 

Todos los demás consejos coincidían en dos puntos básicos, mejorar e incentivar a los marineros y aumentar y profesionalizar a los artilleros. Los primeros preferían servir en los mercantes en el comercio con América o las pesquerías en aguas de Terranova a embarcarse en una armada que se les pagaba poco y tarde. De los segundos su número era insuficiente.

 

 

  

 

¿Qué fue de los personajes principales de la Armada?

 

Durante la campaña, en el tránsito de Lisboa a La Coruña falleció de enfermedad Antonio Hurtado de Mendoza, jefe de la escuadra de zabras y pataches. Posteriormente en el combate de Gravelines murió Hugo de Moncada, jefe del grupo de galeazas.

Al poco tiempo del regreso a España fallecieron Juan Martínez de Recalde y Miguel de Oquendo, dos de los principales almirantes de la armada.

 

En el viaje de regreso a España y junto a los cerca de 1300 hombres que perdieron sus vidas en el naufragio del Girona en Lacada Point, se encuentra otro de los grandes personajes principales de la armada, Alonso Martínez de Leiva, llamado a ser, según las instrucciones secretas de Felipe II, el sucesor del duque de Medina Sidonia, en caso de pérdida de este.

 

Cayeron prisioneros varios de los mandos principales de la armada. Una de ellas fue originada tras la decisión del duque de proseguir camino, dejando a su ventura a Pedro de Valdés, almirante de la escuadra de Andalucía, en su buque averiado a la deriva y tras su rendición a Drake, pasó a ser el prisionero de mayor rango en Inglaterra.

 

En Irlanda sería el maestre de campo del tercio de Nápoles Alonso de Luzón prendido en el suceso de Illagh Castle, encarcelado en Drogheda y posteriormente enviado a Londres. En Holanda pasó por prisión el maestre de campo Diego de Pimentel.

Otro de los maestres de campo, Nicolás de Isla, aunque su buque no participó en las batallas del canal, falleció en Calais después de la jornada, tras un intercambio de artillería con una flotilla inglesa.

 

En Escocia naufragó Juan Gómez de Medina, jefe de la escuadra de urcas, que pudo regresar a España, antes de que las presiones de la reina de Inglaterra ante el rey Jacobo de Escocia pudieran prosperar y enviarlo a una prisión inglesa.

 

Resumiendo de los once jefes de escuadra que partieron de Lisboa y seis maestres de campo, fallecieron durante la jornada o poco después de la misma por diversas razones, cinco de estos mandos, tres fueron hechos prisioneros y uno tuvo un regreso de auténtico aventurero desde Escocia.

 

Tan solo Medina Sidonia, Francisco de Bobadilla, Martín de Bertendona, Agustín de Ojeda (que sustituyó en La Coruña a Antonio Hurtado de Mendoza tras muerte de este), Diego de Medrano (que apenas participó en la jornada tras la salida de La Coruña), Agustín de Mexía y Francisco de Toledo son  los que volvieron sanos y a salvo a territorios españoles.

 

Dejamos para el final el caso de Diego Flores de Valdés, jefe de la escuadra de Castilla y primer asesor naval del duque y el único de los mandos al que se le encarceló en España durante poco más de una año por incompetencia al no haber socorrido debidamente al buque de Pedro de Valdés tras avería de este. Cayendo en desgracia hasta el final de sus días.

 

La mayoría de supervivientes de la jornada prosiguieron sus carreras y años después los podemos ver desempeñando cargos muy importantes en la administración. Tal es el caso de Diego de Pimentel llegando a ser virrey de Nueva España. Pedro de Valdés como gobernador general de Cuba.

Agustín de Mexía, llegó a ser capitán general de la Armada y consejero de estado con Felipe III.

Martín de Bertendona, alcanzando el almirantazgo y estando presente muy activamente en todas las armadas que posteriormente se mandaran  a Inglaterra hasta la paz final de 1604.

Agustín de Ojeda encargado de la construcción de galeones en el Señorío de Vizcaya.

 

 Por último nos referiremos al duque de Medina Sidonia que siempre tuvo el apoyo de los reyes, tanto de Felipe II como su hijo Felipe III, a pesar de que años después de la jornada de Inglaterra, en 1596 fue incapaz de detener la ocupación de Cádiz por una flota angloholandesa.

 

 

 

 

¿Cómo trata la historia la derrota española?

 

Desde mi punto de vista es el tema más interesante de estudio. Como puede perdurar tanto en el tiempo la propaganda inglesa de la época, llegando incluso  a convertirse en  la verdad popular de los españoles de nuestros días.

 

Se crea el mito de que en esa jornada se pierde la supremacía mundial en manos de los ingleses. Totalmente falso, ese conflicto abierto entre España e Inglaterra acaba en 1604, es decir 16 años después, en la firma del Tratado de Londres, donde España sale más beneficiada. Si hay una batalla en la que podemos hablar de cambio de ciclo y entrada en una lenta decadencia con sus momentos de auges y ocasos, esa fue la derrota en la batalla naval de Las Dunas contra la armada holandesa en 1634.

Recordemos que no fue Inglaterra el país que sustituyó a España en la hegemonía europea sino Francia. No sería hasta mediados del siglo XIX cuando podemos hablar de Inglaterra como una potencia realmente dominante.

 

Se omite el fracaso de la Contraarmada inglesa de Drake y Norris de 1589, donde una armada mayor en número de buques que la mal llamada Invencible fracasa estrepitosamente en sus objetivos marcados en la costa gallega y portuguesa, perdiendo mas buques y muriendo mas hombres que una año atrás La Empresa de Felipe II.

Pocos españoles son  conocedores de ese evento que en el mejor de los casos se recuerda por parte de los coruñeses, la heroicidad de María Pita, una especie de Agustina de Aragón, 219 años antes.

 

En fin parte de culpa de que esa propaganda, leyendas, estereotipos negativos tengan tanta vigencia en nuestros días es la tendencia tan suicida de los españoles en regodearse en las derrotas tan opuesta al criterio inglés de huir de ellas, ocultarlas, omitirlas, atenuarlas y enterrar cualquier tipo de humillación que pueda oscurecer su orgullo patrio.

 

Resumiendo los ingleses hacen perdurar la propaganda de guerra con el fin de victimizar a la víctima al objeto de desmoralizar a las futuras generaciones. Mientras los españoles nos las creemos, viviendo el vía crucis marcado por ellos, regodeándonos en la pena. Olvidamos o hacemos olvidar los hechos más negativos de los adversarios extranjeros por miedo a no provocar dolor en ellos, aunque en el fondo no es más que el terror existente de que nos quiten el monopolio que los españoles tenemos en penar por los males del mundo, generación tras generación.

 

Entiendo que una sociedad así, hace mucho tiempo que entró en el desequilibrio.

 

 

 

 

¿Por qué no se presentó a la cita la flota de Farnesio?

 

Esa es una de las grandes preguntas de la jornada. En la historia ha quedado que sus tropas estaban listas, cerca de los lugares de embarque, Nieuport y Dunquerque. Farnesio sostendrá que el embarque era una operación rápida que una sola noche se podía realizar, de hecho en Nieuport consiguió embarcar casi todo su ejército en una noche, aunque muchas de las embarcaciones hacían agua y no se encontraban en condiciones para el trayecto, además de que la artillería naval no fue embarcada hasta el final. Podemos hablar que en Nieuport se produjo una puesta en escena, donde se mostró muchas de las deficiencias de la mala planificación y organización de la flota de Farnesio.

 

Mientras en el otro punto clave, donde se encontraban los barcos de mayor calado y mejor preparados para la guerra pues existían un gran número de filibotes y mercantes artillados, no pudo repetirse la escena de Nieuport, al tratarse de embarcaciones de mayor calado, la acción de embarcar y salir del puerto de Dunquerque se hubiera demorado varios días.

 

Al final las noticias de que la flota de Sidonia tomaba rumbo al mar del Norte, tuvo que provocar  un gran alivio al duque de Parma, al no tener que exponer su ejército embarcado en una flota mal configurada y preparada ante los peligros que suponía batirse primero con la flota holandesa de Guillermo de Nassau que aguardaban la salida de la flota de Farnesio y en caso de esquivar ese peligro, intentar unirse con la armada de Sidonia que no había sido capaz de despejar el canal de barcos ingleses, mas bien todo lo contrario, el 7 de agosto, día del fondeo de La Felicísima Armada en Calais, se encontraba vigilante, a poco mas de una milla, una armada inglesa con más de 200 buques de diversos portes.

 

Muchas veces se utiliza el argumento de la dificultad de coordinar dos armadas con las comunicaciones de aquella época y obviamente no les falta razón, pero  suelen omitir  los defensores a ultranza de Farnesio que Medina Sidonia envió sucesivamente a cinco embarcaciones con mensajes de donde se encontraba y sus necesidades. La primera en llegar lo hizo el 4 de agosto. Es decir Farnesio era conocedor de que la Gran Armada estaba cerca desde ese día y no tomó ninguna decisión de embarque hasta el día 7.  La pregunta es clara ¿Por qué dilató tanto la orden?.

Por otro lado Sidonia le solicita 40 filibotes, embarcaciones de guerra de poco calado especialmente dotadas para aguas tan peligrosas con múltiples bancos de arena. Farnesio si contaba con ellas en Dunquerque y no se las proporciona alegando que les son necesarias. Aquí entramos en un bucle, si Farnesio necesita que las aguas del canal estén limpias de naves enemigas, para poder salir y juntarse con la armada de Sidonia, ¿Porqué no accede que sus barcos mas dotados para la guerra salga en ayuda de Sidonia con objeto de facilitar la derrota del enemigo y con posterioridad, una vez obtenida un área de seguridad, ordenar la salida de las barcazas de desembarco de Nieuport, donde se encontraban embarcado la mayor parte del ejército de Flandes, que sin duda era el principal protagonista de la empresa de Inglaterra y que finalmente no salió a escena?

 

No faltaron voces en la Gran Armada de tachar al gobernador general de los Países Bajos, Alejandro Farnesio, duque de Parma, de traidor. Muchos creyeron que tras las negociaciones de paz que habían tenido lugar hasta pocos días antes de la jornada, Farnesio tendría algún compromiso secreto con Inglaterra, garantizándose esta su no participación. Estas conjeturas fueron creciendo cuando llegaron voces desde Inglaterra en ese sentido. La historia parece señalar que no hubo ninguna traición de Parma y que todo obedeció a una operación de propaganda inglesa para buscar la ruptura de Alejandro Farnesio con Felipe II. Este último nunca las creyó y apoyó al duque. Farnesio fue trasparente en la última fase de la negociación con el Rey e incluso le reenviaba algún escrito bastante comprometido para el, como aquel donde Petruccio Ubaldino a la vista de lo acontecido tras la empresa, le invitaba a traicionar a la Corona española.

 

Mi opinión personal sobre la manera de actuar de Parma es bastante simple. Una vez roto el secreto y visto la imposibilidad de llevar a cabo su plan original, no creerá con verdadero convencimiento en la empresa. Entiende que sin puerto de recalada en el canal para una gran armada, junto con la incógnita del clima, dos armadas enemigas aguardando, una la inglesa que no le iba a poner las cosas fáciles a la que se estaba formando en Lisboa y otra la holandesa esperando la salida de la flota de desembarco liderada por el. Todo ello implicaba un grado de incertidumbre tan alto que le aconseja actuar de una manera muy prudente a diferencia del Rey con ese calificativo que en esos meses merecería mas la denominación de Rey imprudente.

 

La manera que tiene Parma de proceder es muy inteligente, conocedor de sus armas, las gestiona con suma habilidad. No se siente tan vigilado y observado como Santa Cruz en Lisboa, lo que le confiere, la posibilidad de informar al rey sin el marcaje ni la inspección de nadie. Tan solo Bernardino de Mendoza, embajador español en París y jefe de los servicios de inteligencia españoles en Francia e Inglaterra  podría tener poder para inspeccionar por sus medios el estado de la armada e informar al rey con la suficiente  credibilidad como para tomarse el rey en serio sus contrainformaciones. Pero esa función en ningún momento ni se le fue asignada ni a modo propio partió de Bernardino de Mendoza, que en el capítulo de la formación de la flota de Farnesio se mantuvo al margen.

 

Farnesio también iba a jugar con el escudo de la lentitud en la formación de la armada de Lisboa, acusándola de que por culpa de su tardanza, el secreto de la operación, premisa de partida de su plan había desaparecido.

 

El duque de Parma omite al rey información tan básica como que no es hasta abril de 1588 cuando su flota está agrupada en los puertos asignados en un primer lugar para el embarque.

 

Cuando finalmente la armada parte de Lisboa y recala en La Coruña, Parma alberga cierta confianza que la jornada se pueda aplazar, al igual que aumenta las dudas sobre la eficacia de la armada de Lisboa.

 

En la mente de Parma también jugaba la carta de la negociación, que aunque las instrucciones dadas por el rey eran bastante claras, consistentes en dilatar y hacer perder tiempo a los ingleses con un falso tratado. Aunque en esto los ingleses jugaban la misma carta ya que intentaban ganar tiempo para la formación de su armada e incluso durante las negociaciones, parte de ella había sido enviada al ataque buscando las costas españolas, tan solo las condiciones metereológicas habían abortado dichas navegaciones.

 

Parma al igual que el rey, confiaban que en el caso de que la operación militar no tuviera el éxito esperado, si que la presencia en la zona de una armada poderosa serviría como una inmensa maquinaria propagandística que forzaría un tratado de paz beneficioso para España.

 

Cuando Sidonia escribe a Parma solicitándole desesperadamente barcos de guerra, es cuando este recurre al último cinturón de seguridad de sus continuas dilataciones y no es otro que el primer axioma que dejó claro al rey desde el principio. En caso de pérdida del secreto, que ya era obvio, el no saldría con su flota hasta que la armada de Lisboa no asegurase el tránsito por el canal, y para ello tendría que limpiara la mar de naves enemigas. Obviamente como esa condición no se daba, su proceder ya había sido avisado al rey y en el caso de críticas por su falta de acción, su responsabilidad quedaba diluida con un error estratégico tan mayúsculo del como y donde realizarse el abrazo de las armadas de Sidonia y Parma. Y el porqué Sidonia había llegado a las proximidades del abrazo sin antes anular a la flota inglesa.

 

 

 

 

Los aliados de los españoles y de los ingleses.

 

Se suele olvidar con mucha frecuencia que La empresa la configuraba un conjunto de naciones aliadas, la mayor parte perteneciente a la Monarquía Hispánica. Este es el caso de portugueses, italianos, valones, flamencos católicos, croatas, aventureros ingleses católicos, irlandeses, alemanes católicos al mando de Alejandro Farnesio.

 

Los aliados ingleses, fueron las naciones que habían abrazado el protestantismo, como Dinamarca, los principados alemanes protestantes y sobre todo las provincias que se habían levantado en los Países Bajos como Holanda, Zelandia.

 

En la jornada de Inglaterra, si que participaron directamente en La Empresa soldados de las nacionalidades ya mencionadas en el bando español. En cambio en el bando inglés, salvo aventureros protestantes esporádicos de diversas nacionalidades, pocos fueron los que militarmente le apoyaron a excepción de la armada holandesa.

 

 

 

 

Los recursos humanos de la Armada.

 

Las levas que se realizó por toda España tuvieron sus frutos tanto para nutrir de soldados los barcos de la Armada como dotar de cuatro tercios a los ejércitos de Flandes. Mayor dificultad se encontró los organizadores para reclutar marineros, donde siempre fue insuficiente. Teniendo que recurrir al alistamiento en La Empresa de la tripulación de las urcas extranjeras embargadas sobre todo en Cádiz y Lisboa.

 

Es interesante saber que oficialmente las levas se realizaron con el argumento falso de que la armada que se estaba formando en Lisboa era para dirigirse a América para fortalecer las plazas españolas y combatir la piratería, con la idea principal de guardar el secreto.

 

 

 

¿Hubo negociaciones de paz?

 

Si las hubo en varias etapas. La primera fue:

 

30/3/1586.  Parma escribe al Rey de la buena voluntad por parte de la Reina de Inglaterra y su consejo para abrir un proceso de negociaciones de paz. La carta es recibida el 25 de mayo en la corte de Felipe II y  no es hasta el 18 de julio del mismo año cuando el Rey autoriza los contactos para la negociación, pero sin proponer nada, más bien para estudiar al enemigo (720).

 

Un mes antes 20/6/1586,  Alejandro Farnesio, autoriza sin saber aún la decisión del Rey de enviar a William Bodenham y Agustín Graffini a Inglaterra para tratar los términos preliminares de acuerdo con los consejeros de la Reina. Ese mismo día Parma escribe una carta dirigida a la Reina Isabel , donde le expone su intención verdadera de emprender un proceso de negociación y para ello le solicita opinión  sobre la forma de cómo debe llevarse las negociaciones de paz. En la carta escribe: “ que aunque yo no tenía orden alguna del Rey mi señor de tratar con ellos, ni en general ni en particular.”

 

Sin conocimiento previo del Rey Felipe y 21 días después de la toma de Deventer, Farnesio escribe a la Reina una carta para abrir de nuevo las negociaciones, entiende que es un buen momento para tomar la iniciativa.

 

Ese mismo día 18/2/1587 la Reina de Escocia María Estuardo es decapitada en el castillo de Fotheringay. La posibilidad de negociación se anuló cuando se tuvo conocimiento de esta ejecución.

 

Finalmente en el año 1588 se estuvieron celebrando negociaciones en Flandes con pocas o nulas intenciones de estas en los dos bandos, llegando al punto de ser sorprendidas y suspendidas a tenor de los primeros combates del canal.

 

 

 

 

 

¿Y en Flandes como marchan los preparativos?

 

Mientras  los preparativos en Flandes, del verano de 1587 al verano 1588 se aceleran realizándose un importante trabajo logístico de armas y mercancías almacenadas principalmente en Dunquerque y Nieuport. El acopio de barcos se realiza a través de embargos de buques mercantes y la construcción de naves principalmente en Amberes y Dunquerque.

 

En cuanto a la marinería existen muchos problemas que se resumen en la falta de pilotos y gente entendida en temas del mar. Problema en la procedencia de los pilotos y marineros y dudas en la lealtad de estos ya que en su mayoría son de origen flamenco.

 

Disponibilidad de medios durante 1587.

 

Los preparativos se concentran en dos puertos principales, Amberes donde están 28 navíos de guerra y la base de la flota de desembarco.

Dunquerque donde se encuentran los barcos de tránsito y desembarco.

 

En agosto de 1587, un hecho importante tendrá lugar, se toma La Esclusa a los ingleses que era defendida en apoyo de los rebeldes.

Felipe II sobrevalora la importancia estratégica de este puerto, entrando a formar parte de todos los planes de despliegue naval en la zona.

 

 

Excusas de Parma y estado de cosas en Flandes. Pero que pasa realmente en Los Países Bajos.     

 

 

31/1/1588. Cartas de Parma al Rey, que se ha acercado a la marina, pero que no ha llegado el marqués. Habla sobre la negociación de paz. A Idiaquez le comunica la tristeza que tiene por el malentendido que hubo de su carta del 14/11 que hizo creer al Rey que iba a realizar la jornada solo.

 

Omite que en el caso que la Armada hubiera llegado antes de finalizar el año 1587, las  220 embarcaciones de desembarco estaban camino de La Esclusa  y que no llegarán hasta 4 meses después, en abril de 1588.

Así que está claro que a finales del año 1587 como en los primeros meses de 1588, la flota de Farnesio no se encuentra ni mucho menos lista.

 

 

Cuando la Armada está a punto de zarpar de Lisboa, la situación de los preparativos en los Países Bajos es la siguiente:

 

Dunkerque: 19 buques de guerra construidos o rehabilitados en ese puerto probablemente desde principios de 1587. A los que se unen 10 filibotes contratados en Hamburgo a finales de 1587. En total 29 buques de guerra. 48 buques mercantes como máximo, de procedencia francesa, bretona, flamenca y quizás alemana, embargados en ese puerto en los meses de noviembre y diciembre de 1587.

 

Nieuport: Se encuentra 7 buques mercantes de procedencia flamenca embargados en ese puerto el 4/1/1588.

 

La Esclusa: 3 buques de guerra y 175 embarcaciones de transporte procedentes de Gante donde se habían concentrado a principios de marzo procedentes de Amberes, Gante, Terramonda, Lovaina, Diste y Lieja.

 

Amberes: 28 buques de guerra, existentes en ese puerto desde la conquista en el verano de 1585 y/o construidos, comprados o embargados allí a partir de esa fecha. Se construyeron un galeón y ocho filibotes y se rehabilitaron cuatro filibotes y dos urcas.

También se contaba con dos pleitas.

 

El 1 de mayo sale de Dunquerque en una zabra el capitán Francisco Moresín con despachos del duque de Parma escritos el 22/3. Llegará a Lisboa el 11/5 y se reunirá con el duque Medina Sidonia.

 

Parma se encuentra en Brujas cuando Moresín regresa a los Países Bajos el 22/6. Le comenta que le entregará 6000 hombres y lo que es más importante, que el duque debe salir con su flota al encuentro de la Armada. Parma preocupado escribe al Rey de la necesidad de incrementar la cantidad de soldados a entregarle y lo que es más importante, su flota no podrá hacerse a la mar hasta que la de España despeje el canal de enemigos. Todo ello preocupó al Rey y en una nota marginal escribió: “ Plega a  Dios que no haya algún embarazo en esto”. Nota 24 cap 8. 5364. Parma finalmente decidió enviar a Moresín al encuentro de la Armada para solventar dudas tan cruciales.

 

12/7 Parma despacha de nuevo a Moresín en busca de la armada, creyendo que esta se encuentra cerca de la costa de Flandes.

 

18/7. Parma impaciente escribe al Rey de no saber nada acerca de donde se encuentra la Armada, tan solo rumores que no da mucho crédito.

 

21/7. Farnesio recibe por carta real la noticia de la entrada de la armada en La Coruña.

 

 

 

El tema de los bastimentos.

 

Lo podríamos resumir en mala previsión, errores en la conservación de los alimentos y sobre todo mucha corrupción en los funcionarios encargados de esa función.

 

 

 

¿Qué papel juegan los espías?

 

 

El día 18/2/1587 la Reina de Escocia María Estuardo es decapitada en el castillo de Fotheringay. Tras un juicio con muy pocas garantías legales fue sentenciada a muerte con la acusación de estar detrás de la conspiración de Babington que trataba de atentar contra la vida de la Reina Isabel.

 

Aunque al parecer  no fue más que una trama urdida por los servicios secretos de la Reina, cuyo responsable era Sir Francis Walsingham, utilizando a unos de sus agentes, el sacerdote Gilbert Gifford, con objeto de persuadir al joven católico Anthony Babington de escribir cartas comprometedoras a la Reina María, de su intención de atentar contra la Reina Isabel para liberarla del cautiverio impuesta por esta.

 

María Estuardo, mantenía  muy buena relación con el embajador de España en Francia, Bernardino de Mendoza,  destinatario de la última carta escrita por ella. 23/11/1586

Mendoza era un hombre clave en la política española tanto en Francia como en Inglaterra donde había sido embajador durante cuatro años, hasta que fue expulsado en el año 1584. La embajada española estaba vacante desde entonces. Para paliar esta falta Bernardino de Mendoza había tejido una red de inteligencia, cuyo máximo responsable era el. 

 

La red de espías  tejida por Bernardino de Mendoza se había percatado de movimientos y organización de una flota en Plymouth para atacar los preparativos españoles e interceptar la Flota de América.

 

Dicha red disponía de espías en los principales puertos del sur de Inglaterra, en especial Plymouth, estaba formada principalmente por católicos ingleses muy descontentos con la persecución religiosa de la Reina Isabel y con idea de sustituirla por su prima María Estuardo.  Estos a su vez eran coordinados principalmente por espías portugueses muy próximos al pretendiente portugués al trono Don Antonio, alguno de ellos se habían infiltrado como consejeros, como Miguel Váez “Aurelio”, Manuel de Andrada, este operando desde Roan (Francia), Antonio de Escobar “Sansón” y Antonio de Vega “David”,  este último, operaba desde Londres y era el agente más eficaz que tenía el embajador Mendoza en Inglaterra.

 

Por el bando inglés, sus espías,  se encontraban controlando los puertos principales españoles como Málaga, Sevilla, Cádiz , teniendo el epicentro en Portugal, siendo Lisboa el centro del espionaje inglés, la mayoría haciéndose pasar por comerciantes.

Lo que desconoce Felipe II, es que una copia del secreto y meticuloso plan de invasión de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, se encuentra en la corte inglesa a los pocos días de conocer el contenido del plan el mismo Rey. Inglaterra ha infiltrado en el servicio de la casa del marqués un espía de origen flamenco.

 

Desde principio de abril Mendoza va informando al Rey del curso de los preparativos y las intenciones. No es hasta 19/4 cuando Mendoza escribe a Felipe II sobre las verdaderas intenciones de la expedición de Drake. Su fuente en clave es “Julio”, al que llama nuevo amigo, se trata de Sir Edward Stafford, embajador de Inglaterra en París, cuñado del Lord Almirante Howard y nuevo informante a sueldo de Bernardino. La información del embajador provenía de Walsyngham en carta con fecha 12 de abril. En ella se informa que el destino de Drake es Cádiz.

Estos avisos llegan a la corte española el 30 de abril. Un día antes Drake llega a Cádiz y se interna por su bahía.

 

 

 

 

¿Fue efectivo el ataque de Drake a Cádiz?

 

A principios de abril Bernardino de Escalante le plantea al Rey la idea de realizar incursiones ligeras a puertos ingleses de una pequeña armada  formada por zabras, pinazas y galeras con el objeto de hacer daño a los grandes buques de guerra que estuvieran en puerto. Sería copiar la táctica inglesa de realizar ataques relámpago en origen, aprovechando el factor sorpresa y la rapidez de maniobra de estos buques que procederían principalmente de las cuatro villas. Antes debería funcionar el servicio de información y avisar de que en esos puertos estuviesen resguardados los buques de la Reina.

 

Un mes mas tarde la Armada de Drake seguirá la misma táctica en la bahía de Cádiz con un gran éxito. Entre 18 a 25 barcos fueron los hundidos y quemados por Drake en Cádiz, la mayoría se trataban de barcos destinados al transporte de vituallas. Lo que no pudo conseguir Drake es interceptar la flota del tesoro, que llega sin novedad a la barra de Sanlúcar de Barrameda.

 

 

 

 

¿Fueron justas las críticas de Felipe II a Santa Cruz?

 

No. Los hechos dieron la razón al marqués. Sin dinero, ni nombramientos del Rey de cargos importantes, la prudencia de zarpar con una flota poderosa, perfectamente avituallada y pertrechada era lo más aconsejable, teniendo en cuenta la falta de puerto en el teatro de operaciones. Felipe II durante el cuarto trimestre de 1587 pecó de impaciente e imprudente. Posiblemente influenciado por las críticas de Martínez de Leiva hacía de la labor del marqués y de las inteligentes cartas que desde los Países Bajos enviaba el duque de Parma, cargando la responsabilidad de los retrasos de la jornada a la armada de Lisboa, ocultando la lentitud y desorganización de la flota de Flandes.

 

 

 

 

¿Qué candidatos había para sustituirlo?

 

 

Los secretarios Juan de Idiaquez y Cristóbal de Moura son los que mas influyeron en la decisión del rey de nombrar a Medina Sidonia. En la corte se habló mucho sobre otros candidatos como el prior Don Hernando de Toledo (hijo del duque de alba), Alonso de Bazán, Juan Martínez de Recalde, Alonso Martínez de Leyva, Juan de Cardona, el príncipe Doria y Álvaro Flores de Quiñones. Aunque el candidato que peor se tomó la elección del duque fue Martín de Padilla, conde de Santa Gadea, adelantado mayor de Castilla, almirante de Castilla, llegó a escribir al Rey, pidiéndole explicaciones por no haber sido nombrado, carta que fue contestada por el Rey en tono conciliador.

 

 

 

 

¿Por qué eligió a Medina Sidonia?

 

Era de los pocos que estaba al tanto de la organización de la armada, en el cayó la responsabilidad en la organización de las levas de soldados y marineros en Andalucía. Tenía una gran experiencia en organizar las flotas del tesoro americanas. También el cargo de su persona, primo del Rey y duque de Medina Sidonia, sin duda le situaba como la persona principal de la Armada y con ello la obediencia de todos  los hombres de la flota estaba garantizada. Recordemos que en aquella época era fundamental que el jefe de la expedición perteneciera a la alta aristocracia, aunque careciera de experiencia.  Eran los asesores los que si debían ser militares de alto prestigio.

 

 

 

 

¿Cómo fueron los medios navales de Farnesio?

 

En contra de lo que se cree, los recursos navales de Alejandro Farnesio eran suficientes para realizar la operación asignada. El problema radicaba en la falta de planificación y coordinación de las fuerzas conjuntas. Si se hubiera planificado la armada de Farnesio por marinos profesionales y experimentados buscando la eficacia de la armada y un plan detallado, que nunca existió, de la forma de proceder en el movimiento de aproximación y ensamblaje de ambas armadas, el resultado final bien pudiera haber sido otro.

 

 

 

 

¿Cuál fue la estrategia de navegación y el plan de ataque acordado en Lisboa?

 

En la primera semana de mayo tiene lugar una Junta de generales para tratar la formación más idónea que tendrá que llevar la Armada.

 

Según Pedro de Valdés todos menos el acordaron un frente con algunas naves a retaguardia, que será la formación a la salida de Lisboa.

 

En cambio el propuso dividirla en tres grupos, los buques de batalla en dos, retaguardia y vanguardia y el tercer grupo los menos aptos para la pelea, las urcas, fueran a sotavento de la vanguardia y retaguardia en el paraje de en medio, donde pudieran ser socorridas y que las galeazas, las galeras y algunas naves mas ligeras fueran sobresaliendo para socorrer en el lugar que mas falta hiciere.

 

 

 

 

¿Se cambió su plan de ataque en La Coruña?

 

 

El 19 de julio se adoptó un modelo muy parecido al propuesto por Pedro de Valdés en Lisboa, tras junta de generales en La Coruña, con presencia del consejero real para temas de mar, Andrés de Alva que lo había despachado Felipe II desde la Corte para supervisar el estado en el que se encontraba la Armada.

 

 

 

 

¿Cuál fueron las instrucciones de Felipe II?

 

El 21 de mayo, el Rey le envía las instrucciones de cómo debe seguir por el canal:

 

“1 Que entregue a Farnesio más de seis mil infantes, —2 La armada inglesa es inferior. Actitud probable que tomará Draque cuando se acerque nuestra armada.—3 Que sin hacer caso a Draque siga hasta juntarse con Farnesio, salvo si el enemigo ataca.—4 Por si ataca después del desembarque de tropas en Flandes procure conservar fuerzas superiores a las del enemigo. —5 Después de reunidas las fuerzas de los dos Duques se puede atacar a la escuadra inglesa si se la encuentra reunida en algún puerto.—6 No se distraiga del plan principal, aunque el enemigo venga a España.”

 

 

 

 

¿Hubo instrucciones secretas?

 

Si que las hubo.

 

INSTRUCCIONES SECRETAS.

 

“Puesto en el cabo de Margat, adonde habéis de hacer esfuerzo de llegar con el Armada, allanando las dificultades que en el camino se opusieren, sabréis dónde quiere el Duque, mi sobrino, se le ponga la gente que le habéis de dar, y allí se la haréis poner; y es mi voluntad que cuando saltáre la gente en tierra, la saque, tenga y lleve á su cargo Don Alonso de Leyva, mi Capitan general de la caballería ligera de Milán, hasta entregarla al Duque, Ordenaréis que así se haga…”

 

Isla de Wight.

 

“Él, seguiréis en todo la órden de vuestra instrucción pública; mas si por nuestros pecados fuere de otra manera y no pudiese pasar el Duque, mi sobrino, á Inglaterra, ni vos daros la mano con él por esta causa, en este caso veréis, comunicado con él, si podriades apoderaros de la isla de Wych, que no es tan fuerte que parezca que puede resistir; y ganada, se podría defender y terníades puerto seguro para recoger al la Armada y hacer los efectos á que aquel sitio, ques de mucha importancia, abriría camino, y así convendría mucho fortificar bien en él….”

 

“ser sobre desconfianza de la otra traza y efecto principal, y á la vuelta del cabo de Margat, por no haber salido aquel intento, y no á la ida en ninguna manera, ni sin haber primero hecho el esfuerzo posible en lo principal.”

 

 

Leiva, sustituto de Sidonia.

 

“(en caso que el dicho Duque de Medina Sidonia falte en el viaje de ida ó vuelta, por enfermedad o de otra cualquier manera), os elijo y nombro desde agora para entónces por mi Capitán general de la dicha Armada”

 

Los informes de Francisco Moresín procedentes de Flandes y otras fuentes, obligan al Rey a remitir nuevas instrucciones para Sidonia el día 21/5. Reforzar el ejército de Parma de 10000 a 12000 hombres y no los 6000 de un principio.

 

 

 

 

¿Cómo fue el trayecto de Lisboa a La Coruña?

 

Lento y pesado, debido sobre todo a las constantes calmas y falta de vientos propicios que apenas hizo progresar a la armada, con bastante poco orden según relata Sidonia. Aunque lo peor fue comprobar el mal estado de las vituallas y la insuficiencia de ellas para toda la jornada.

 

 

 

 

¿Actuó bien Sidonia ordenando recalar en La Coruña?

 

Entendemos que si, debido a la falta de vituallas y aunque Sidonia había mandado despachar a las cuatro galeras a La Coruña para cargar bastimentos y esperar en Muxía a la armada para proveerla sobre la marcha. El mal tiempo en el cabo de Finisterre provocó la dificultad de esa tarea y tras consejo de guerra se decidió encaminarse a La Coruña. La tardanza en la decisión junto al temporal provocó dificultades en la comunicación de esa decisión y muchos barcos, más de 40 prosiguieron camino. Cerca de 20 urcas llegaron próximas a cabo Lizard.

 

 

 

 

¿Cómo fue la estancia en La Coruña?

 

El duque llegó desolado, con una armada dispersa, sin confianza en sus oficiales, marineros y soldados. Había aumentado sus dudas sobre su incapacidad para gobernar una maquina de guerra tan poderosa. A esto se le sumaba un temporal infernal que por esos días existía en Galicia, impropia del mes de julio. Todo ello le motivó escribir al rey solicitándole que anulara la jornada. Felipe II se opuso, le intentó convencer y despachó al consejero naval Andrés de Alva a La Coruña para que le informara de primera mano. Al cabo de varias semanas, las cosas van cambiando para positivo y tras consejo de generales de la armada donde está presente Andrés de Alva, este escribe al rey que poco mérito tendrá obtener los objetivos con una armada tan poderosa, En estas semanas ha servido para avituallar de víveres y aguada a los barcos, la vuelta de todos los buques que estaban dispersos incluso los que se encontraban esperando en cabo Lizard y que gracias a la pinaza despachada al mando del alférez Esquivel regresaron a España.

Se ha cambiado la configuración de la flota adoptando la forma de navegar que Pedro de Valdés había defendido anteriormente y rechazado en el consejo de generales de Lisboa.

De todo ello entendemos que fueron medidas positivas para potenciar la flota, pero fue en La Coruña donde el duque ordenó a Diego Flores de Valdés que se embarcar junto a el como primer asesor naval. El rey una vez conocedor del hecho y con objeto de no desautorizar a un duque con un frágil estado de ánimo, autoriza en contra de la opinión general de sus consejeros esa decisión. Por lo visto estaba pactado que sería Miguel de Oquendo el que iba a desempeñar esa función de jefe de operaciones de la armada. El rey con objeto de no desmembrar más las jefaturas de escuadras se niega a solicitud de su consejo que Miguel de Oquendo embarque como un asesor más en el buque del duque. Si mandará el rey  embarcar a Francisco de Bobadilla, maestre de campo general, como asesor militar para temas de tierra, con la idea de que el duque se encuentre mas arropado.

 

 

 

 

Consejo de guerra. ¿Atacamos Plymouth?

 

La armada se presentó cerca de la bocana de entrada a la bahía de Plymouth y tomó por total sorpresa a la armada inglesa que se encontraba en el interior. Después de un consejo de guerra, parece ser, así lo indica la relación y despacho de Juan Martínez de Recalde, se aprobó el ataque. Pero este nunca fue ordenado por el duque, que se mantuvo tibio, perdiendo un tiempo valiosísimo que sirvió para que los ingleses salieran por la noche remolcando los grandes barcos y a la mañana siguiente habían ganado el barlovento  a la armada española. Nunca sabremos que hubiera pasado si el duque hubiera ordenado a una de las escuadras el ataque directo a puerto, táctica muy habitual en la armada inglesa, o hubiera mandado bloquear la bocana.

 

Nunca el duque gozó de libertad táctica alguna, las instrucciones eran claras y rígidas que debía de seguir. No cabe duda que en el caso del marqués de Santa Cruz, las instrucciones eran más genéricas y le daban la libertad táctica de operaciones con el fin de obtener los objetivos por el rey marcado.

 

Vista con perspectiva parece una locura seguir un mandato a ciegas sin tener en cuenta la realidad del momento, sin puerto de apoyo en medio de un canal, con condiciones climáticas cambiantes. Son en estos momentos cuando la historia llama a hombres con valor que se salte esquemas rígidos que obstaculizan el fin para el cual han sido designados. La realidad de los hechos dejará constancia que en este tipo de hombre no se encontraban ni el duque ni ninguno de sus asesores principales, Diego de Valdés y Francisco de Bobadilla que preferirán seguir las instrucciones reales al pie de la letra aunque no fuera lo mas indicado en esos momentos. Este tipo de justificaciones, “es lo que el rey ha ordenado”, es sinónimo de mediocridad, pues lleva a la armada por un derrotero que no va a llevarle a ningún buen puerto.

 

 

 

¿Recalada en Wight?.

 

Tan solo Medina Sidonia era el conocedor de las instrucciones del Rey, incluso el almirante general de la armada, Juan Martínez de Recalde, desconoce el como y donde de la estrategia de la armada a su salida de Lisboa. Recalde deja escrito, que tendrán que ocupar un puerto en el canal, tanto para proteger la armada de las condiciones climatológicas adversas muy factibles en esas latitudes, como más importante si quiere el de poder ganar tiempo con el fin de elegir el momento propicio para realizar el abrazo con la flota de Farnesio.

 

Por tales motivos Recalde cree que se ha acordado atacar y ocupar la isla de Wight que cumplía tales requisitos. La realidad era más bien otra y aunque parte de la historiografía inglesa tiende a creer que gracias a la pericia de la flota inglesa en el nulo combate a la altura de la isla de Wight, obligó a la armada española seguir rumbo este dejando atrás la isla y librando a su graciosa majestad del peligro que hubiera supuesto tener a la armada española a pocas millas de suelo inglés.

 

Nuestro parecer una vez leídas y estudiadas las cartas en relación a ese día, vemos que desde el principio no está en los planes del duque la ocupación de esa isla, haciendo caso de las instrucciones reales, de encaminarse directamente hasta el abrazo con el duque de Parma y solo en el caso que hubiera sido imposible la unión, entonces  se podría ocupar la isla de Wight, con el objeto de volverlo a intentar. Por lo que creemos que las acciones inglesas encaminadas a entorpecer la ocupación de esa isla fueron en vano, porque en ningún momento de ese día planteó Sidonia ese movimiento.

 

La instrucción como tal no tiene desperdicio, es decir con una armada persiguiéndote, al amparo de los vientos, sin puerto base, si se fracasa en el primer intento, entonces se tendría que dar la vuelta y ocupar la isla de Wight que días atrás habían dejado a su espalda. Esta instrucción en particular si que parece estar sacada de una estrategia de salón muy ajena a las circunstancias reales de cualquier operación.

 

 

 

 

¿Cómo fueron tratados los prisioneros?

 

Es curioso resaltar que fueron los náufragos  que  tuvieron la mala suerte de caer prisioneros en Irlanda los que peor trato recibieron, pereciendo la mayoría en las muchas ejecuciones que se realizaron por toda la costa oeste de Irlanda principalmente.

En Irlanda se calcula que murieron entre 6000 a 7000 náufragos, alrededor de unos 2000 fueron ejecutados en los presidios y por los caminos. No hubo piedad alguna por parte de las autoridades angloirlandesas encabezada por el gobernador general de Irlanda Williams Fitzwilliams. Solo un reducido grupo de oficiales detenidos en Illaghh Castle, encabezados por el maestre de campo Alonso de Luzón les fueron respetados sus vidas. Más tarde al final del año, al ver que apenas quedaban españoles en la isla, la reina decretó un bando en el que se le respetaría la vida a todo español que se entregara a las autoridades, unos 90 españoles se acogieron a esa medida. Por lo que podemos hablar que no más de 150 prisionero pudieron guardar sus vidas.

 

Los prisioneros en Inglaterra proveniente de los buques San Salvador, Nuestra Señora del Rosario de Pedro de Valdés y de la urca hospital San Pedro el mayor, fueron mucho mejor tratados y salvo alguna excepción, se le respetaron sus vidas. Aunque su confinamiento era infame y dejaba mucho que desear en condiciones infrahumanas salvo en el caso de los oficiales y altos mandos que por lo general fueron bien tratados, esperando rescate por ellos. El número total de ellos rondaría los 600 hombres, de los que más de 400 pudieron regresar a España.

 

En Holanda habría entre 100 y 200 prisionero mayoritariamente de los galeones San Mateo y San Felipe. El trato hasta la liberación, tras el pago de los rescates realizado por el duque de Parma fue parecido al caso inglés.      

 

 

 

 

La Armada y la religión. La leyenda negra española y la propaganda histórica.

 

Desde mi punto de vista es el tema más interesante y que más perdura hasta nuestros días. Debido a la complejidad y lo abundante del tema, intentaremos resumirlo sucintamente y a modo de ejemplo en la siguiente pregunta veremos un caso práctico donde haremos una comparativa de dos empresas similares en la forma pero que corrieron suerte dispar. Por un lado el tema tratado aquí, la empresa de Inglaterra y el episodio conocido como la revolución gloriosa, acontecido justo un siglo después, en 1688 en Inglaterra.

 

En nuestros días aun en la enseñanza secundaria inglesa se enseña la propaganda de guerra inglesa utilizada contra la armada, esta consistía en alarmar al pueblo con la llegada de los diablos españoles que iban a matar a todo inglés mayor de 8 años y quemar y someter con la terrible inquisición española a todo aquel que se le opusiera.

 

Como esa amenaza no se pudo constatar debido al fracaso de la operación, se da por hecho que se hubiera realizado. Ha llegado hasta nuestros días las reacciones que tenían los oficiales españoles presos en Inglaterra cuando eran exhibidos en reuniones de alta sociedad inglesa como trofeo de guerra y escuchaban las mentiras, exageraciones y calumnias propias de la propaganda creada. La reacción de estos españoles no era de indignación, ni colérica ni defensiva, más bien era indiferente, provocándoles una media sonrisa irónica evidenciando una superioridad moral, al ver como los acusadores se creían sus propias mentiras. Traducido al lenguaje coloquial del español actual sería algo así como: “Las ganas que tú tienes de que tus mentiras sean verdad” o la más actual de “lo flipas en colores”.

 

Y es que los españoles de los siglos XVI y XVII, apenas tenían en cuenta las mentiras, exageraciones y críticas provenientes de las demás naciones, ya fueran estas protestantes o católicas. Daban por sentado que obedecían a la envidia que despertaban por ser  El Imperio del momento y que eran críticas por muy fuertes e injustas les iba en el cargo. Podríamos decir que seguían el dicho muy español, “de no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Pero claro esa estrategia de dar la callada por respuesta hace florecer una propaganda muy básica y como tal eficaz, sobre todo en los recién creados estados protestantes que necesitan del odio al catolicismo como piedra angular de su idiosincrasia y es que tanto en su nacimiento como crecimiento necesitan de un enemigo en común, el catolicismo y España como defensora del mismo. Lo podemos resumir en la frase de “que bien vivimos contra el catolicismo y por ende contra España”.

 

El paso del tiempo ha evidenciado que la estrategia pasiva española salvo alguna mínima excepción, consistente en refutar las mentiras vertidas con sesudos argumentos veraces. Esa estrategia defensiva de responder con argumentos a la propaganda bélica era de nuevo errónea. La única estrategia válida ante cualquier propaganda en contra es jugar con las mismas reglas y decir  “y tu más”.  España tendría que haber recurrido a acusaciones fuertes, publicación masiva de libelos propagandísticos exagerando incluso falseando hechos contrarios a las naciones protestantes. En una escalada de falsedades hubiera llegado al esperpento por ambos lados y esa era la única manera de anular las críticas. Pero en España desconocemos el porqué se entiende que emular esas prácticas es como rebajarse a un enemigo al que lo consideran de una moral inferior.

 

Es como que hubiese cierto pudor a rebajarse al nivel de las armas innobles del enemigo, tal como si en una discusión con una persona soez decidimos irnos y dejarle con la palabra en la boca como señal de desprecio, ya que no estamos dispuestos a rebajarnos y entendemos que si lo hacemos es darle un triunfo al adversario. En español utilizamos la expresión “para ti la perra gorda”. 

 

En los siglos XVIII y XIX, aunque ya España no era el Imperio principal, la propaganda vertida en siglos anteriores sigue viva  y creciendo gracias a los movimientos culturales como en la ilustración, nacionalismo y liberalismo. Todos estos movimientos contrarios al catolicismo tradicional, retoman esas leyendas antiguas producto de la propaganda de guerra de las naciones protestantes fundamentalmente, las readaptan a estos  nuevos modelos sociales en contra de lo que simboliza el Imperio Español.

 

En el siglo XX el ultraliberalismo junto con el comunismo ahonda más si caben esa leyenda negra e hispanofobia hasta nuestros días, que potenciada por la cultura y los poderosos medios de propaganda actuales, cine y televisión hace que los españoles de ahora, descendientes directos de aquello soldados de “La Invencible”, se la crean sin rechistar.

 

Una estrategia tan simple como exagerar los males ajenos y silenciar los propios ha prevalecido con la complicidad y en el mejor de los casos, silencio de los “intelectuales españoles” que desde finales del XIX admiten esa propaganda, curiosamente acusando a los españoles que crean y mantienen el Imperio desde el siglo XVI hasta principio del XIX , como los culpables de la pérdida del mismo, con objeto de omitir toda culpa a las generaciones que realmente lo han perdido. Es como si el heredero de una fortuna que la dilapida en malos hábitos y negocios le echara la culpa al abuelo que la generó.

 

Hoy en día gracias a esos silencios y desinformación, resulta difícil encontrar un español que sepa de las atrocidades realizadas contra los náufragos españoles capturados en Irlanda por el ejército angloirlandés de Isabel I de Inglaterra. En cambio no dudan de que los soldados españoles estaban dispuestos a provocar un genocidio masivo de la población inglesa, llevando cientos de máquinas de tortura de la cruel Inquisición española y que gracias a la derrota de estos, el mundo es hoy en día un lugar mucho mejor, mucho mas progresista, donde está permitido el matrimonio gay. Tal como se da a entender en uno de los capítulos relacionado con la Armada Invencible en la serie El Ministerio del Tiempo, producida y emitida por el ente público RTVE, con el dinero de los descendientes de esos desdichados hombres.

 

Me imagino a la reina inglesa, cabeza de la iglesia anglicana, retorciéndose de ira en su tumba ante tal sacrilegio. Si en 1588 le dice que la hazaña de sus hombres iba implicar que más de cuatro siglos después  amadrinara esas nuevas uniones matrimoniales, estoy convencido que Felipe II tan solo hubiera necesitado del barco de Chanquete para conquistar Inglaterra e Irlanda ante la pasividad inglesa.

 

Nota: Aconsejo la lectura a mi entender imprescindible para poder entender como perdura la hispanofobia y la leyenda negra antiespañola hasta nuestros días, del interesante análisis que realiza la autora María Elvira Roca Barea en su libro Imperiofobia y leyenda negra.

 

 

 

 

 

Comparativa La Empresa (1588) con La Gloriosa (1688).

 

Puede que estos dos episodios históricos tengan más similitudes que los dígitos de sus años.

 

Intentaremos hacer un pequeño estudio de ambos sucesos lo más objetivamente posible y para ello clasificaremos las definiciones e ideas de las mismas en:

 

Generalmente aceptadas por la historiografía de ambos bandos, independientemente de la tendencia religiosa e incluso acorde a la propaganda de ambos bandos.

Obedeciendo a las causas políticas del momento.

¿Cómo actuó la propaganda y que intentó vender, en cada caso y bando?

La información que se suele omitir para favorecer a un bando y perjudicar al otro.

 

La empresa o jornada de Inglaterra, más conocida como Spanish Armada o Armada Invencible, este último término creado por Lord Burghley a modo de propaganda inglesa una vez acontecido el hecho. Sucedió en 1588 y fue mandada hacer por el católico Felipe II de España.

 

La Revolución Gloriosa o Incruenta, también conocida como la Revolución de 1688. Mandada a realizar por el protestante Guillermo de Orange. Países Bajos.

 

 

Objetivos:

 

La empresa de Inglaterra tenía como objeto derrocar a la reina inglesa, la protestante Isabel I y sustituirla por un monarca católico.

 

La revolución de 1688, su objetivo era derrocar al rey inglés, el católico Jacobo I y colocar en su lugar a un monarca protestante.

 

 

Operación militar:

 

Recursos.

 

En la empresa de Inglaterra y ateniéndonos al plan de Alejandro Farnesio, se formaría  una armada de desembarco que al resguardo del secreto cruzaría el canal de La Mancha en una noche y desembarcaría en uno de los márgenes del río Támesis, para ir directamente sobre Londres. Finalmente se adoptó el plan de que este ejército fuera escoltado por una armada llegada desde España una vez el secreto había desaparecido.

 

Mientras en la revolución de 1688, se formó una poderosa armada holandesa de más de 23000 hombres en 53 barcos de guerra y unos 400 barcos de transporte.

 

 

Desarrollo:

 

Empresa de Inglaterra: Fuerte oposición inglesa, que junto a la no disposición de un puerto de suficiente calado en el canal propició el episodio de los brulotes incendiarios en Calais. Al día siguiente y tras la batalla de Gravelines  los vientos condujeron la armada camino al norte. No fue posible la unión de las dos armadas, según Farnesio por los vientos contrarios y la vigilancia de la armada holandesa, esperando la salida de la flota de desembarco para ser atacada.

 

Revolución de 1688: Alrededor de tres semanas estuvo la armada esperando que los vientos fueran propicios para cruzar el canal. La armada inglesa estuvo en puerto y no salió al encuentro, por lo que la operación se realizó sin oposición manifiesta. Ya en tierra hubo algún que otro ligero escarceo. Finalmente el rey pudo huir a Francia junto con su hijo. En cambio en Escocia e Irlanda mayoritariamente el pueblo se mantenía leal al rey depuesto Jacobo.

 

 

Interpretaciones más oficialistas al día de hoy, de cuales fueron las causas verdaderas:

 

Empresa de Inglaterra: Si que España tenía causa bélica contra Inglaterra, esta apoyaba a sus corsarios en sus continuos ataques a propiedades españolas en América y Europa. El apoyo directo enviando un ejército inglés a los sublevados holandeses en su guerra contra España eran factores más que suficiente como para que el rey pasase de una estrategia de guerra defensiva, muy costosa al tener que fortalecer multitud de plazas a otra ofensiva, consistente en meterle la guerra dentro a Inglaterra.

 

A todo esto habría que unirle la causa religiosa, los Papas durante los últimos 20 años habían presionado a Felipe II para deponer a la reina Isabel I y restablecer el catolicismo. Muchos fueron los católicos ingleses perseguidos  tras la prohibición y las continuas persecuciones y ejecuciones ordenadas por Isabel I, llegando a superar con creces los números de los protestantes ejecutados por su hermanastra la católica María Tudor años atrás.

Se considera que el punto de no retorno de Felipe II en relación con la firme decisión sin marcha atrás de la Empresa, llegaría cuando fue informado de la ejecución de la reina escocesa María Estuardo a manos de la reina inglesa, después de haber estado recluida forzosamente durante 20 años.

 

 

La revolución de 1688:

 

Cuando muere Carlos II en 1685, le sucede su hermano Jacobo, que años antes se ha convertido al catolicismo. Las hijas de este, María y Ana, producto de su primer matrimonio con la reina Ana, se criaron como protestantes. Cuando enviudó se casó con la católica María de Módena. Aunque una parte importante del poder inglés desconfiaba del rey por su catolicismo, en un país donde esta práctica religiosa estaba perseguida, no pudiendo entrar en el funcionariado civil ni militar inglés, tratándoles como ciudadanos de segunda o tercera categoría. Recordemos que entre los siglos XVI hasta bien entrado el XIX, cuando en los países protestantes se habla de tolerancia religiosa se refiere a las diversas facciones protestantes, excluyendo totalmente la católica. Es importante hacer hincapié en ello porque se suele omitir este dato bastante importante para poder comprender y entender la realidad de aquella época.

 

Pero un hecho a priori alegre como el nacimiento en junio de 1688 del primer hijo varón del rey Jacobo II provocaría una conspiración (No solo hay conspiraciones en estos tiempos, siempre las ha habido a lo largo de la historia. La mayoría son tejidas antes de  los repentinos cambios de poder que se intentan camuflar con el bonito nombre de revolución, unas salen a la luz muchos años después de que se produzcan otras permanecen ocultas a lo largo de los siglos esperando aún ser descubiertas) que significó el final de su reinado.

 

El apoyo que Jacobo II  había tenido de parte del parlamento, en especial los tories (alto clero anglicano) desaparece al aparecer una variable tan preocupante para sus intereses, como un futuro heredero católico. Esto cambia todo su “tolerancia al rey”, ya que habían contado con la seguridad que las dos hijas sucesoras eran fervientes protestantes y que a este rey solo habría que controlar para que sus medias “progresistas”, encaminadas a una verdadera tolerancia religiosa donde incluyesen a los católicos, fueran limitadas y que con la muerte de este, esas ligeras modificaciones si las hubiere, se podría dar marcha atrás con suma facilidad de la mano de una nueva reina protestante. Ahora con un heredero católico, todo esto se iba al traste. Así que empezó una conspiración para derrocar al rey y que tres meses después tenemos ocupando Inglaterra al holandés Guillermo de Orange, marido de María,  hija  de Jacobo II y por consiguiente yerno de este.

 

A este golpe de estado producto de una conspiración urdida por la oligarquía protestante inglesa se le denomina con total soberbia y desfachatez, la revolución gloriosa (como me beneficia a mis ideales la califico así, es como ser juez y parte).

También es conocida como la revolución incruenta (en este caso es incluso más cómico ya que como esta revolución no causó muchas muertes en Inglaterra la calificamos de esta manera. Claro que omitimos la parte que no nos conviene y es que tanto en Escocia como sobre todo Irlanda originó miles de muertos, resultando ser cruentas en ambos lugares).

 

Últimamente se la denomina la revolución de 1688, una definición más aséptica con menor carga emotiva, pero manteniendo la palabra revolución. Es curioso el término que se suele emplear cuando por consecuencia de un movimiento violento, generalmente un levantamiento civil  y/o militar en contra de un poder legalmente constituido, el diccionario reserva el concepto de golpe de estado para definir este hecho. Cuando el golpe de estado triunfa y se perpetua en el poder, entonces se le empieza a llamar revolución, palabra que nos evoca a un proceso romántico que nos libera de una tiranía (da igual que el “tirano” estuviera legalmente en el poder y que esta revolución romántica y justa causara miles o millones de muertos como las producidas en el anterior siglo XX). La cuestión es suavizar la realidad que nos transmite la palabra golpe. En fin la perversión del lenguaje en manos de los ingenieros sociales produce efectos tan grotescos cuando se estudia la historiografía que a modo de boomerang un hecho concreto dependiendo de quien esté en el poder en cada época pasa de golpe a revolución o levantamiento y de estas a golpe de nuevo.

 

 

Volviendo a los sucesos de este golpe revolucionario (para no quedar mal con nadie y ser el campeón de lo políticamente correcto) Jacobo II finalmente consigue huir y junto con su mujer e hijo se trasladan a Francia.

 

Guillermo III, será proclamado como rey de Inglaterra en 1689 junto a su mujer María II (recordemos hija de Jacobo II).

La propaganda aún reinante nos habla de que con el acabó la monarquía absolutista ingleses y abrió el periodo de la monarquía parlamentaria que se mantiene en Inglaterra hasta nuestros días. Como toda propaganda tiene su parte de verdad y omite la parte que nos ayuda a entender el proceso.

Guillermo III había pactado con las oligarquías protestantes, que había participado de un verdadero golpe de estado, no de una revolución social como la propaganda lo intentará vender. Tenía unos compromisos adquiridos con estas oligarquías y obviamente ceder poder al parlamento era la parte del trato que tendría que cumplir, máxime tratándose de un rey extranjero. Mientras los ingleses ya tenían bastante con mirar hacia otro lado para no observar la realidad de que un ejército extranjero, desde Holanda había conquistado Inglaterra y durante más de 14 meses se paseaban alegremente ocupando Londres.

 

Es curioso como al día de hoy, la mayor parte de historiadores ingleses para hablar de la última vez que Inglaterra fue conquistada se retrotraen al normando Guillermo, el conquistador  en 1066 y que la última ocasión que tropas extranjeras en acción bélica pisaron  suelo inglés fue realizada por los españoles en la quema de varias localidades de la región de Cornwall (Penzance, Newlyn, Mousehole) en agosto de 1595 integrantes  de cuatro galeras españolas al mando del capitán Carlos de Amézola, en una expedición de castigo.

 

Me pregunto que entienden esos historiadores cuando un ejército extranjero de mas de 25000 hombres desembarcan, ocupan y expulsan al monarca de ese país, anulando su ejército y colocando al jefe real de esa expedición en el trono de ese país ocupado y originando con ello una nueva dinastía real inglesa, los Oranges. Desde mi ignorancia se me ocurre la palabra invasión, ocupación, conquista. A las que uniría en clave interna inglesa las de golpe, sublevación, traición.

 

Pero claro como bien se sabe la historia la escriben los vencedores y en este caso las palabras claves para entender este episodio histórico son: Pacto y silencio. Decir que el rey está desnudo siempre ha sido muy difícil y aún perdura en nuestros días.

 

Los historiadores anglosajones y protestantes han tratado muy benévolamente a Guillermo III como paladín de monarca moderno lleno de virtudes entre ellas la tolerancia y ya sabemos que si estos historiadores piensan así, el resto del mundo debe razonar de igual manera ya que la tolerancia que estos hacen de otras interpretaciones históricas no son admisibles sin antes calificarlas de trasnochadas, fanáticas o fundamentalistas. En fin la soberbia de estos “iluminados” hacen crear una “verdad absoluta” y ellos desempeñan la función de jueces de la historia con plenitud de poderes para relativizar el bien y el mal con la idea de que sus intereses e ideales situarlos siempre en el primer grupo y los que se opongan demonizarlos de manera incluso grotesca.

 

 Lo curioso es que esta burda interpretación mucho mas cercana de la propaganda del momento que de la verdadera historia, entendiendo como tal la narración de una  sucesión de hechos, perdura siglos y entran a formar parte de la mitología nacional incrustada profundamente en la vida social que nadie se plantea la veracidad de esos hechos, ya que para que todo cuadre al fin del mito, se omite la parte de la historia que pueda romper o peor aún despertar las verdaderas causas que lo provocaron.

 

Un ejemplo de ello, lo tenemos en los sucesos acontecidos en 1672 en los Países Bajos en el llamado: “Año de los desastres”, que empezará con la ocupación de esta por la invasión francesa del ejército de Luis XIV y finalizará con la salvaje ejecución en agosto de este año en La Haya por una muchedumbre partidarios de Orange que como enloquecidos asesinaron, descuartizaron e incluso hubo casos de antropofagia con los restos del cadáver de Jan de Wit que durante 20 años había desempeñado el importante cargo de “el gran pensionario”, cargo que representaba a la burguesía. Su hermano Cornelio Wit corrió la misma suerte. Todo ese salvajismo fue contemplado por este príncipe moderno sin mover un dedo y dejando hacer todas esas barbaridades. “Es tan justo este príncipe” que luego se niega a castigar a los culpables, llegando incluso a premiarlos. Hoy en día podemos contemplar en el museo Nacional de Ámsterdam el cuadro titulado “Los cadáveres de los hermanos De Witt” que representa este episodio.

Estos hechos se suelen omitir con el fin de no romper la leyenda del personaje y de un pueblo tan tolerante que castiga de manera tan salvaje a sus compatriotas, si con ello reafirma su poder. No quiero imaginar si este crimen de protestantes contra protestantes lo hubieran hecho españoles contra protestantes, por hechos mucho menos salvajes el duque de Alba permanece al día de hoy en el imaginario colectivo en los Países Bajos como la encarnación del mal en la Tierra.

 

Ya para terminar el análisis de este episodio, recordar que el hijo del rey depuesto, Jacobo III para sus seguidores, intentó recuperar el trono perdido por su padre en los levantamientos principalmente en Escocia de los jacobitas en 1715 y 1745, ambos sofocados por las autoridades inglesas tras mucho derramamiento de sangre. En Escocia e Irlanda se veía a los Estuardos como los legítimos monarcas.